Opinión

Luis Amodio Cevallos y la inversión en infraestructura

 
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 [La dependencia tenía contemplado un programa de construcción y modernización carretera para 685.8 kilómetros, de los cuales, sólo se alcanzaron 398.8 al cierre de noviembre / Cuartoscuro]

El constructor de numerosas carreteras que hoy utilizamos en diversas partes del país, Luis Amodio Cevallos, murió el pasado jueves 5 de mayo. Este ingeniero fue responsable de trazar y construir reconocidas obras como parte de la carretera de Querétaro, de Veracruz en donde están las cumbres de Acultzingo, una sección de la México-Tabasco y Mérida, la federal de Acapulco así como varios distritos de riego. Él es un digno representante de aquella generación de constructores de infraestructura que se caracterizaba por su alto nivel técnico, su compromiso con el país, así como por su gran honradez. Su generación le dio un gran prestigio internacional a la industria de la construcción en la época en que más creció la economía de México. Él, siendo un hombre de pocas palabras, se caracterizaba por ser uno de muchas acciones positivas, tanto en lo profesional como en lo personal.

Su muerte nos recuerda la importancia que llegó a tener la construcción de infraestructura (y en general la inversión en su conjunto) en el país en décadas pasadas, resaltando que la mayoría era realizada directamente por el gobierno federal y los gobiernos locales. Las estadísticas internacionales confirman que aquellos países que invierten 30 por ciento de su PIB logran crecimientos económicos superiores a 6.0 por ciento, como ha sucedido en los últimos años en China, en Singapur y en México en las décadas de los cincuenta y los sesenta. Esto contrasta con lo que sucede en la actualidad en México, en donde sólo se invierte un porcentaje cercano a 21 por ciento del PIB y en infraestructura es mucho menor, lo que propicia un crecimiento insuficiente para las necesidades del país.

Esta reducción relativa en la inversión pública se debe, en parte, a que una mayor proporción del gasto público se canaliza al gasto corriente, en donde destacan los subsidios de distintos tipo a la población; al pago de pensiones y jubilaciones; a los sueldos de un mayor número de empleados en la administración y a otros conceptos que tienen poco que ver con la inversión.

Otra causa del bajo nivel de inversión pública es la actual política salarial que se sigue en el gobierno federal, la cual desmotiva a excelentes profesionistas para seguir su desarrollo profesional en el sector público. Esto se debe a que cuando Fox entró a la presidencia decretó una reducción nominal en los sueldos del personal de confianza y de mando, mismos se han conservados fijos desde al año 2002. Lo anterior equivale a una reducción en los sueldos reales superior a 50 por ciento; así, hoy en día los funcionarios públicos perciben un sueldo que es la mitad de lo que tenían hace 14 años y con frecuencia son muy inferiores a los que se pagan en el sector privado, pero con un grado de responsabilidad mucho mayor. Es por esto que los funcionarios más calificados buscan y con frecuencia encuentran empleos mejor remunerados en las empresas privadas o en el extranjero, lo cual perjudica la administración pública.

El país debe seguir una política que fortalezca el desarrollo profesional de excelentes funcionarios en el gobierno, siendo los sueldos competitivos uno de los medios para lograrlo. Además, se debe de dar impulso a la formación de profesionistas que tengan la capacidad de construir, desarrollar e inventar. Mientras que en los países asiáticos se fomenta en las universidades que los alumnos estudien carreras de ingeniería y ciencias exactas, en Latinoamérica es mucho mayor el número de estudiantes en las ciencias sociales.

Nuestro país requiere tener más ingenieros y constructores, investigadores y científicos, emprendedores y empresarios que permitan la creación de riqueza y de empleos productivos. En resumen, el país requiere de más ingenieros como Luis Amodio Cevallos para salir del subdesarrollo.

Correo: benito.solis@solidea.com.mx

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