Opinión

"Louder than Bombs":
la vida como una serie
de instantes

 
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Louder than Bombs.

El noruego Joachim Trier lleva puro 10 en la boleta. Reprise, la historia entrecruzada de dos jóvenes escritores, fue un magnífico debut. Su siguiente película, Oslo August 31st (un día en la vida de Anders, un treintañero que vuelve a su ciudad tras pasar un tiempo en rehabilitación), resultó una temprana obra maestra. Después de un arranque así de prometedor, era natural esperar grandes cosas de Louder than Bombs, su primera película en inglés, cuyo tema es el proceso en el que Gene (Gabriel Byrne) y sus dos hijos, Jonah (Jesse Eisenberg) y Conrad (Devin Druid), sortean la pérdida de Isabelle (Isabelle Huppert), su esposa y madre, una fotógrafa de guerra que murió en un accidente.

Desde Reprise, Trier se ha distinguido como un maestro de las desviaciones narrativas y los montajes imbuidos de sensibilidad literaria. Su cine no está subordinado al yugo de la trama, sino al ánimo lúdico de su director. Los momentos más memorables tienden a olvidar el avance de la historia, favoreciendo observaciones laterales. En Reprise, un reencuentro entre dos amantes los lleva a un viaje de una melancolía desgarradora, en la que el pasado se vuelve irrecuperable. En Oslo August 31st, Anders se detiene a tomar un café, y Trier registra, con toda paciencia, las conversaciones de los comensales que lo rodean: residuos de la alegría que perdió. Trier es un cineasta enamorado del instante revelador y la belleza pasajera, y sus tres películas están repletas de momentos e imágenes que permanecen en la pupila mucho después de haber dejado la sala. Me reservo los ejemplos. Contárselos sería un despropósito.

Louder than Bombs afina estas características con montajes líricos y audaces que cambian el enfoque del narrador (un cuento autobiográfico de Conrad leído por Jonah; la experiencia de un colega de Isabelle, en boca de ella), así como breves instantes que brillan por su ingenio, así sean de fábula –Conrad imaginando que tiene poderes mágicos– o simplemente tristes, como cuando Gene busca a su hijo menor dentro de un mundo virtual para poder acercarse a él. Sin embargo, por primera vez la dispersión de Trier necesitaba bridas. Oslo August 31st, cuya limitante temporal lo ciñó a las 24 horas del título, le impidió descarrilarse. Louder than Bombs amenaza con ser un montaje en sí misma: una larga serie de polaroids que no se acumulan para crear una obra redonda.

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"Louder than Bombs"
Año: 2015
Director: Joachim Trier
País: Estados Unidos
Productores: Joshua Astrachan, Albert Berger, Alexandre Mallet-Guy, Thomas
Robsahm, Marc Turtletaub y Ron Yerxa
Duración: 109 mins.
Cines: Cinépolis

Con la salvedad de Conrad, un adolescente silencioso e impredecible, el resto de la familia da la impresión de permanecer inexplorada. No es casualidad que los momentos flojos de la película ocurran cuando Trier planta la cámara frente a sus actores y deja fluir la acción. Jonah, por ejemplo, le dice a su hermano lo mismo (“eres raro”) 15 veces durante las secuencias que comparten. Trier parece no saber qué agregar o cómo ahondar en la mente de sus personajes. El peligro de fincar una narrativa en la fuerza del instante es que la colección de estos no perfore la superficie.

Con todo, es innegable que el uso (o abuso) del montaje y la pincelada resulta apropiado para una película que aborda la naturaleza de las fotografías y nuestra incapacidad para entender al otro, ya sea a través de conversaciones o momentos compartidos que, por su brevedad, resultan tan engañosos como una imagen. En Louder than Bombs, los personajes rara vez saben con certeza qué piensa o siente su hermano, su esposa, su hijo o su padre. Trier registra las mismas escenas desde distintos puntos de vista: lo que el primer individuo (y el espectador) inicialmente concluye resulta ser un error de perspectiva. De esa forma, Trier no solo utiliza el instante fragmentado como recurso sino que lo pone debajo del microscopio. ¿Qué tanto podemos inferir de un ser humano a través de lo que vemos, de sus fotos, de su rostro cuando cree que nadie lo observa? Al final, en Louder than Bombs la empatía con el otro no es resultado del conocimiento profundo sino de la aceptación de su intimidad insondable. Amar es admitir que realmente nunca conoceremos al ser humano a nuestro lado, sin importar los lazos que nos vinculen.

Twitter: @dkrauze156

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