Opinión

Los zapatos eran del 7 y compramos del 4

Imagine que va usted a la zapatería a comprar zapatos para su hijo y resulta ¡que le compra del 4 cuando calza del 7!

O bien, imagine usted una armadora de vehículos en la que, cuando se quieren poner las llantas al coche, ¡resulta que no lo quedan!

Y, entonces, el ingeniero que diseñó los rines dice: “Yo siempre les dije qué tamaño iban a tener las llantas. Si no quedaron, esa es culpa del fabricante”.

Y el proveedor de las llantas, entonces reclama: “A mí ni me vean. Yo sólo cumplí con las especificaciones que me dieron de la dirección técnica de la armadora. Nada más”.

Coincidirá conmigo en que esa circunstancia no es siquiera imaginable en el caso de una empresa privada.

Y, si acaso se diera, ya hubieran rodado quién sabe cuántas cabezas.

Pero además, imagine que no se pueden poner en el mercado los autos y que esto genera enojo de los clientes contra la armadora y pérdidas en proporciones gigantescas.

Pues no es menos lo que está sucediendo con la Línea 12 del Metro.

Hasta donde sabemos, el problema deriva de que alguien “se equivocó”, así entre comillas, para no especular respecto a algo más.

Hubo un consorcio que construyó y puso los rieles: ICA-CICSA-Alstom. Y dice que ellos lo hicieron bien, que el problema está en los proveedores de los trenes, que no cumplieron con las características requeridas para las vías.

Pero CAF, una gigantesca empresa española, dice que ellos entregaron los trenes con las especificaciones que les dio el Sistema de Transporte Colectivo.

Alguien hizo las cosas mal. Pero el problema hasta ahora es que no sabemos quién fue el que se salió del script. No sabemos si los constructores pusieron rieles para ruedas que no existían o si la proveedora de trenes puso otras que no servían, o si fue la autoridad quien se equivocó con todos, o si estamos frente a un escándalo de corrupción de gran escala.

Bueno, por si algo faltara. Resulta que la posibilidad de cuestionar la construcción de la Línea 12 del Metro implica pegarle a uno de los proyectos consentidos de Marcelo Ebrard.

Y, en el contexto de las luchas al interior del PRD, cae como anillo al dedo esa circunstancia.

Pero, también es factible que estemos ante un desorden derivado de la premura de Ebrard para inaugurar antes de que terminara la pasada administración.

En el pasado, tenía que venir la alternancia, para que los de otro partido en el gobierno destaparan el mugrero dejado por la anterior administración. En muchas ocasiones, cuando seguía el mismo partido, había la garantía de que los “desperfectos” se iban a tapar para no desacreditar los colores partidistas.

Afortunadamente ya no es así. Claro, aunque Mancera no sea militante del PRD, sí llegó principalmente por el respaldo de los del sol azteca.

Y Ebrard tenía facturas pendientes.

El PRD no está en el mejor de sus momentos, y seguramente este caso no va a abonar para mejorar su imagen.

Pero más vale para todos –aun para el PRD- que las cosas queden claras.

Ojalá el asunto no se quede en el limbo de los dimes y diretes, y se deslinden objetivamente las responsabilidades.

Twitter:@E_Q_