Opinión

Los tres millones de nuevos empleos

 
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quintana

El lunes pasado se informó que, por primera vez en la historia del país, durante un sexenio se superó la cifra de tres millones de empleos formales creados.

Al cierre de septiembre iban tres millones 133 mil 980 nuevos puestos de trabajo, de acuerdo con los registros del IMSS.

Más allá de la emblemática cifra de los tres millones de empleos, implica que el ritmo de creación de puestos de trabajo ha sido de 3.6 por ciento anual en promedio para lo que va del sexenio.

Como referencia, en el sexenio de Calderón, la tasa promedio anual fue de 1.8 por ciento; con Fox, de apenas 0.7 por ciento. Hay que regresar hasta la era de Zedillo para encontrar también un 3.6 por ciento.

La diferencia del sexenio actual respecto al de 1994-2000 es que el entorno internacional fue mucho más favorable entonces, cuando vimos la más larga expansión de la economía de Estados Unidos durante el periodo de Clinton, precisamente, tras la firma del TLCAN.

El crecimiento sostenido del empleo formal en los últimos años fue la fuente de crecimiento del consumo privado, la principal palanca de la expansión de la economía.

Sean empleos completamente nuevos, o una parte corresponda a un proceso de formalización de trabajos ya existentes, los nuevos empleos formales tienen un efecto multiplicador en el mercado interno, pues la formalidad crea sujetos de crédito, lo que potencia el impacto en el mercado interno.

Además del aumento del empleo de 19.2 por ciento para el periodo que consideramos, el poder de compra del salario medio de cotización al IMSS creció 4.4 por ciento.

Combinando ambas variables, se puede calcular un crecimiento de la masa salarial real de 24.4 por ciento, prácticamente una cuarta parte.

Esa es la base del crecimiento del mercado interno en los últimos años.

La del empleo formal es una historia de éxito que el gobierno no ha sabido contar.

Es cierto que detrás de los promedios existe rezago salarial histórico en el caso de los ingresos más bajos, lo que sigue haciendo pertinente el incremento de los mínimos.

Pero, en el conjunto, el empleo formal ha crecido con mejores salarios en el promedio.

La explicación fundamental a este comportamiento del empleo radica en la reforma laboral que fue aprobada al final del sexenio de Calderón y que permitió formatos diversos de contratos, así como la limitación de elementos de incertidumbre como las huelgas interminables.

Se trató de un caso único en el que hubo una completa sincronía entre el gobierno saliente con el entrante, para asegurar que una reforma estructural se concretara.

Ahora las alianzas parecen estar seriamente cuestionadas, pero hay que recordar que el Pacto por México fue clave para diversas reformas, y que casos como el de la reforma energética fueron producto de la alianza PRI-PAN-PVEM-Panal.

Los buenos resultados del empleo formal son un ejemplo del efecto de una de las reformas estructurales que requirieron alianzas de fuerzas políticas diferentes.

Si hubiera existido la capacidad política para mantener estas alianzas, quizás las circunstancias y las perspectivas de hoy serían diferentes.

La pregunta pertinente hoy: ¿habrá capacidad ahora para volver a cambiar la historia, como ocurrió con el Pacto por México?, ¿o el encono y la parálisis van a ser de nuevo el signo de los tiempos?

Twitter: @E_Q_

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