Opinión

Los topes

 
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Tope. (Cuartoscuro)

Por César Velázquez Guadarrama.

Desde hace algunos meses pero sobre todo a partir de la explosión del problema de la mala calidad del aire en la zona metropolitana de la Ciudad de México, el exceso de topes ha sido motivo de análisis y señalado como uno de los diversos factores causantes del tráfico y de la contaminación. El objetivo de este artículo es hacer notar que los topes, además, son un reflejo de muchas cosas que no funcionan en este país.

Los topes son en primer lugar consecuencia del no respeto a la ley (en este caso a los límites de velocidad) y del creer que violar un poco las normas no tiene efectos negativos para la sociedad. Los topes también son un reflejo de malos e ineficientes gobiernos municipales, delegacionales y estatales. Así como los gobiernos no pueden regular de manera adecuada el comercio ambulante o brindar seguridad, tampoco pueden ordenar la ubicación y tamaño de los topes o el que vecinos construyan topes ilegales de tal manera que se pueden observar cosas tan absurdas como topes en cruceros donde hay semáforos, topes que parecen bardas o topes que se encuentran sólo a metros de otros topes.

Los topes, de igual forma, son un ejemplo del uso de políticas públicas para el beneficio de unos cuantos y el perjuicio de la mayoría. En muchos casos, los topes se construyen sólo para crear tráfico a propósito y facilitar la venta de diversos productos. En ocasiones también, grupos de vecinos ponen un tope para salir con mayor facilidad de su calle sin pensar en los enormes costos que le causan al resto de los automovilistas.

Así, los topes representan muchos de los defectos de nuestra sociedad. Son un ejemplo de la falta de autoridad de los gobiernos y de la corrupción de las policías municipales, son un ejemplo de lo poco que pensamos en beneficios públicos y lo mucho que pensamos en beneficios privados y son un ejemplo del no respeto a las leyes.

Pero el problema es que todo lo anterior tiene altos costos sociales. De acuerdo a diversas estimaciones que pude consultar, el frenar y acelerar por consecuencia de los topes representa unos 200 litros extra de gasolina por año por automóvil. Esta cantidad de gasolina, equivalente de 3 a 5 tanques, quizá pareciera no ser demasiada, pero si tomamos en cuenta que en el país hay alrededor de 38 millones de vehículos en circulación (última estimación de INEGI), resulta que los topes provocan un consumo extra de 7,600 millones de litros al año que a un costo aproximado de 13 pesos por litro representan alrededor de 99 mil millones de pesos anuales. Esta cifra no es inocua, representa casi el doble que el gasto total para 2016 de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (55 mil millones) o casi 3 veces el presupuesto de la UNAM (37 mil millones). Además, este monto es una cifra conservadora pues no considera el costo social de la contaminación ni el daño a los automóviles (mayor desgaste de los frenos por ejemplo).

El eliminar topes y el ordenar su uso no va a acabar con la contaminación, ni con la corrupción ni con los gobiernos ineficientes pero puede ser un buen ejemplo de que acciones tan sencillas como estas pueden ser mucho más útiles que acciones aparentemente más grandes e importantes como construir un puente o prohibir el circular un día a la semana.

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