Opinión

Los tiempos del toro

  
1
  

  

(Especial)

Nacer con la vocación para ser torero es un don otorgado por Dios para los elegidos. Se trata de entender y ver la vida a través de un sentimiento y la verdadera devoción por el toro bravo. Es muy fuerte amar al toro, estudiarlo, admirarlo y luego enfrentarse a él para pagar con la muerte esta intensa y profunda relación de amor.

Durante la lidia, toro y torero son protagonistas de un espectáculo que emociona a miles de testigos en el tendido, hoy incluso a través de la televisión. En la soledad del ruedo, toro y torero se descifran en segundos; el inmenso poderío del toro sobrepasa cientos de veces el físico del torero. El instinto fiero de ataque transformado en embestida es la materia prima para que el torero con sus brazos, muñecas y las yemas de sus dedos en el manejo de las telas vaya enamorando al toro y guiándolo a seguirlas hasta transformar esas acometidas brutales en embestidas templadas y rítmicas.

Esta unión entre el hombre y el toro genera segundos de arte eterno. La estética generada por los dos cuerpos se graba en la retina y en el corazón de los asistentes sensibles a una puesta en escena o representación de la vida misma. El miedo previo al encuentro con el toro es la angustia más grande que vive un torero, lo mismo le debe suceder al toro, que sale por primera vez a un ruedo y deja que su instinto llamado bravura se apodere de su ser y dé vida a su esencia y razón a su existencia.

Estos dos miedos se encuentran dentro del círculo de la vida y de la muerte: el ruedo, circunferencia sin fin donde miles de historias se cuentan en tan sólo un segundo.

Alrededor de este encuentro, donde el toro expresa su razón de ser, el hombre cuenta con sólo minutos para expresar su vida, su valor, su vocación y sus sentimientos. Son tantos elementos que deben alinearse al momento exacto, que no siempre se logra la magia única del toreo en su máxima expresión. Ésta no necesariamente llega por la vía de la estética o la belleza, muchas veces llega por la vía de la violencia, la cornada o la desesperación de no poder con el toro; de llevar el riesgo más allá de la razón.

El toro no vence en esta lucha cuando hiere al torero, vence cuando éste no es capaz de expresar a través del toreo su sentir, cuando el toro no se somete nunca a la técnica impuesta por aquél, cuando su salvaje naturaleza impone su bravura ante la propuesta de creación artística del hombre, ahí es cuando vence el toro al torero. La sangre y la muerte son sólo la consecuencia de este encuentro único, cuya verdad representa mejor que nada en este mundo la esencia de la naturaleza entre el individuo y el toro.

Y como la vida misma, en el toreo los tiempos no siempre son los que el hombre quiere o pretende, por eso en cada tarde se puede dar el milagro, con el torero consumado o con el torero en la búsqueda de la gloria y de abrirse paso. Este es el mayor interés de la inminente serie de corridas finales, a realizarse los siguientes cuatro domingos en la Plaza México.

Alternarán 12 toreros en la búsqueda de tres puestos para la corrida de triunfadores. Quien resulte máximo triunfador recibirá el apoyo en ocho festejos en plazas como Aguascalientes, Ciudad Juárez, Juriquilla, Zacatecas, Pachuca, San Luis Potosí, Puebla y un puesto en la próxima Temporada Grande 2017-2018.

Están programados toreros ya cuajados que por una u otra razón su tiempo no ha llegado, y matadores jóvenes en búsqueda de proyección. Cuatro ganaderías interesantes con 24 toros listos para contar su historia. Apoyemos este esfuerzo por parte de la empresa y vivamos los misteriosos y fascinantes tiempos del toro. Y como la vida misma, en el toreo los tiempos no siempre son los que el hombre quiere o pretende, por eso en cada tarde se puede dar el milagro, con el torero consumado o con el torero en la búsqueda de la gloria y de abrirse paso. Este es el mayor interés de la inminente serie de corridas finales, a realizarse los siguientes cuatro domingos en la Plaza México.

Twitter: @rafaelcue

También te puede interesar:
Reinventarse
¡Abran paso!
¿No que no?