Opinión

Los sueños mexicanos

Como nunca antes en ceremonia alguna de abanderamiento de un seleccionado nacional rumbo a una competencia internacional, el presidente Enrique Peña Nieto le entregó la bandera mexicana al equipo de futbol que participará en la Copa del Mundo en un evento formal, protocolar y, no hay que sorprenderse, político. “La Patria les entrega el mayor símbolo de nuestro país en el mundo, nuestra Bandera Nacional”, dijo Peña Nieto en el acto celebrado en Palacio Nacional, con toda la escenografía del jefe de Estado, y con los discursos desde el atril con el águila presidencial. “El presidente y todos los mexicanos confiamos en ustedes para que traigan ese trofeo de regreso a nuestro país”.

A los buenos deseos y presión de compromiso, la respuesta del técnico Miguel Herrera fue igualmente de altas expectativas. “El quinto partido es lo mínimo que queremos”, dijo ante el presidente. “Vamos con la mentalidad absoluta de traer la copa a México”. A la luz pública, los juegos retóricos en Palacio Nacional. ¿Por qué este mensaje si las realidades objetivas caminan por lados tan distintos? De acuerdo con el reporte sobre futbol y economía del banco de inversión Goldman Sachs, que elabora cada Copa del Mundo de Futbol desde 1998, México no tiene posibilidad alguna de nada. Ni siquiera de llegar al cuarto partido, una ronda que dio Herrera por superada, porque para pasar a la segunda ronda del torneo, de acuerdo con el estudio, los favoritos son Brasil y Croacia.

Goldman Sachs elabora este reporte estadístico con una metodología basada en análisis de regresión con datos históricos de partidos internacionales desde 1960, de donde obtienen 14 mil observaciones a partir de las cuales estiman los coeficientes del modelo. Según este ejercicio, México tiene 0.1 probabilidades de ser campeón, contra el favorito Brasil, que tiene 48.5. Los mexicanos tienen un número idéntico al de Croacia, pero van delante de los mexicanos por el ranking global de la FIFA, que ubica a México en el lugar 20 y a Croacia en el 19.

Las perspectivas de México en este ejercicio probabilístico son nulas, casi tan malas como las de Costa Rica y Honduras, los únicos equipos americanos peor ubicados que el equipo nacional, e igual que Australia, un país sin tradición futbolística. Pero si de acuerdo a Goldman Sachs la vida del Tri en Brasil será efímera, las aspiraciones mexicanas van en otra dirección. Según una encuesta de Parametría, las expectativas de los mexicanos sobre su equipo son similares a las que se tenían en el Mundial de 2010 en Sudáfrica: 28 por ciento dicen que les va a ir igual, 25 por ciento que estará peor, y 25 por ciento igual. Pero cuando se revisan las respuestas de 2006, cuando la copa se disputó en Alemania, hay una ligera mejoría en las expectativas.

Cuando se disputó el torneo en Alemania, el 21 por ciento decía que pasaría de la primera fase eliminatoria; para Brasil, 35 por ciento dicen que sí se logrará. Hace ocho años el 18 por ciento de los mexicanos decía que México avanzaría a cuartos de final; hoy lo cree el 17 por ciento Una interpretación al estudio de Parametría, es que en ocho años los mexicanos se han vuelto más sensatos. El 11 por ciento pensaba que México alcanzaría las semifinales en Alemania, pero hoy lo considera sólo el 9 por ciento A la final, un espectacular 16 por ciento –casi dos de cada 10– dijeron que México disputaría el trofeo en Alemania, pero en Brasil, sólo el 9 por ciento –menos de uno de cada 10– cree que llegará a Maracaná el 13 de julio, y cumplirá con la petición presidencial de traer a su tierra la copa. No entra ni siquiera en la utopía. Dentro de esta etapa de sensatez, 7 por ciento pensaba que en Alemania sería eliminado el Tri en la primera ronda; hoy lo piensa el 9 por ciento.

Percepción y probabilística no suelen ir muchas veces de la mano. Pero en esta ocasión, el análisis regresivo de Goldman Sachs tiene mucho sentido con las percepciones de los mexicanos medidas por Parametría. La percepción y la política, en cambio, siempre comparten la variable de la incertidumbre sobre el resultado.

Peña Nieto y Herrera entraron al terreno de las expectativas durante el abanderamiento de la selección de futbol. El presidente, que en las últimas semanas ha experimentado qué tanto la administración de expectativas impacta sobre su gestión política –la tasa de crecimiento, un dato técnico, se convirtió en una divisa política para atacar a su gobierno, a su secretario de Hacienda y a su política económica–, y Herrera, que tiene que imbuir en los jugadores mapas y metas mentales para avanzar más con coraje y mística que con talento –si se ve la calidad individual en varios de los rivales que tendrá enfrente–, y tener jugadores que, sin importar qué tanto ganen o pierdan, sean vistos a su regreso como hombres que se batieron épicamente por un sueño.

El presidente y el entrenador nacional ganan tiempo y, muy seguramente de manera empírica, se sitúan en el imaginario colectivo de los mexicanos que aspiran a lo mejor sin fantasías, con un realismo terrenal donde el “¡Viva México!” es una expresión de ánimo y orgullo donde el hacer lo mejor de uno mismo siempre será recompensado. En este contexto, la retórica empleada en Palacio Nacional cobra sentido.