Opinión

Los secuestradores de Valle

Entre las rutas más populares para hacer deportes extremos en la región de Valle de Bravo se encuentran Cerro Gordo y Laguna Negra. Es común que en esa zona abunden las bicicletas de montaña –con algunas rutas realmente extenuantes–, y estupendas brechas para motocross. Atrás de Cerro Gordo se encuentran otras cimas, Maguey y Los Tres Reyes, puntos infaltables en todas las competencias internacionales de parapentes. Últimamente están bastante desoladas estas zonas, que se convirtieron en el epicentro de los secuestros en Valle de Bravo.

El fenómeno del secuestro en esa zona –donde de acuerdo con uno de sus más distinguidos vecinos, Alejandro Martí, pasa su fin de semana el 25 por ciento del PIB– ha bajado en estos días. Una razón es la atención del gobierno federal tras empezar a convertirse el secuestro en tierras del presidente Enrique Peña Nieto en un problema de opinión pública; otra es porque ante lo caliente que se puso la región, los secuestradores cobraron las recompensas por las 17 personas que mantenían en cautiverio y se fueron. No esperaron la llegada de las tropas federales y la Gendarmería a mediados del mes pasado, cuyo arribo a Valle de Bravo los hizo huir, aunque no se resolvió el problema.

No es por falta de información, sino de estrategia. Las autoridades tienen plenamente identificados a las personas que participaron en los secuestros. “Casi todas ellas son halcones de la organización (La Familia Michoacana) o de un grupo con orígenes en Michoacán”, dice el procurador de Justicia del Estado de México, Alejandro Jaime Gómez. “Pero las personas que están operando son originarias de Arcelia Guerrero, o de otras partes del estado”.

Arcelia se encuentra a 168 kilómetros al sur de Valle de Bravo, a donde se llega por carreteras trazadas como serpentinas entre montes y bosques. Entre esos dos puntos se encuentra Tejupilco, de donde hay una desviación hacia Luvianos, el centro criminal mexiquense en el sur del estado. Pero Arcelia, la puerta a Tierra Caliente, es la clave de los secuestros. Cuando llegaron los federales a Valle de Bravo, los secuestradores se refugiaron en las tierras protegidas por criminales. Pero no se le escaparon a las autoridades, que con trabajo de inteligencia de la Marina, tienen a toda la banda de secuestradores identificados.

De acuerdo con el expediente confidencial del caso, son un grupo cuyas edades fluctúan entre 17 y 28 años, hombres y mujeres. Realizaron los secuestros en distintos puntos de la región de Valle de Bravo y trasladaron a sus víctimas a El Maguey, donde estaban en continuo movimiento. No dormían en el mismo lugar en forma consecutiva y los mantenían sin zapatos, para que en caso que huyeran, no llegaran lejos.

Las mujeres eran quienes subían la comida a los cerros, y un hombre quien desde teléfonos celulares desechables se comunicaba con los negociadores de las víctimas. No podían hablar con los secuestrados porque estaban en distinto lugar. “Ya sabe”, explicó un secuestrador a uno de los negociadores. “Los militares están tratando de interceptar las llamadas”. El expediente tiene las fotografías de cada uno de ellos, y también está identificado el líder de la banda. La razón por la que no los persiguieron hasta Arcelia tiene que ver con el contexto de la región, que está desestabilizada, por lo que una operación de esa naturaleza tenía el potencial de exacerbar la violencia.

Según los reportes de inteligencia, el fenómeno del secuestro en Valle de Bravo tiene su origen en la ola de violencia que sacudió la región desde agosto de 2013, cuando José María Chávez Magaña, apodado El Pony, traicionó a desertores de Los Caballeros Templarios y de la banda de Los Pelones, que se agruparon en un incipiente cártel: Guerreros Unidos. Chávez Magaña era el jefe de la plaza de La Familia Michoacana –como se llaman Los Templarios fuera de su estado–, pero fue capturado por marinos y soldados el 2 de julio en Tejupilco, lo que desató una pugna por el control de la plaza. Quien lo sustituyó fue un criminal al que sólo identifican como El Pez, uno de los jefes de La Familia Michoacana en el Estado de México desde hace más de año y medio.

El Pez, de acuerdo con los informes de inteligencia, está enfrentado con el cártel de Los Rojos, cuya semilla fue incubada por los hermanos Beltrán Leyva en 2009, y emergió como un subsidiaria del cártel del Pacífico en 2011. Los Rojos están enfrentados con Guerreros Unidos desde hace más de dos años por el control de Morelos y el Estado de México, pero tras la traición de El Pony, aprovecharon la coyuntura para apoderarse del sur de esta entidad. La información que tienen las autoridades es que El Pez sigue resistiendo los embates y, al mismo tiempo, busca negociar el reordenamiento de la plaza.

En medio de este proceso de realineamientos y lucha por el control de la plaza, se dio el reciente fenómeno de secuestros en Valle de Bravo. Aunque tienen vasos comunicantes, no responden a la misma racional. El contexto general de la lucha entre cárteles ha demorado el cierre del caso de los secuestros. Pero es cuestión de tiempo. Todos están vigilados. La coyuntura será, en este caso, la que determine cuánto tiempo más estarán en una libertad que tienen actualmente prestada.

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