Opinión

Los ridículos de Calderón

Hay decisiones en la vida de los hombres que los marcan para siempre.

A Felipe Calderón lo marcó su guerra contra el narcotráfico. Una decisión llena de valor, sin duda, pero visceral, precipitada, sin estrategia, sin logística, sin coordinación.

Es sabido que no confiaba en nadie. Los gobernadores de entonces se enteraron por los medios de comunicación. Prácticamente a ninguno le preguntó la situación en su estado, el nivel de infiltración del narco en sus gobiernos, en sus policías, ni la cantidad de elementos o armamento que tenían. Se apoyó en las Fuerzas Armadas y se aventó ‘como el Borras’, dijeron algunos.

Tal nivel de improvisación llevó a Calderón a cometer graves yerros. Rescato en éstas líneas sólo tres que rayaron en lo ridículo.

Primer ridículo.– El 30 de enero de 2010 ocurrió la peor masacre en la historia de Ciudad Juárez. Aquella noche un grupo de estudiantes y deportistas de bachillerato estaba de fiesta en casa de uno de ellos. Un grupo de hombres armados irrumpió y descargó sus armas contra los muchachos. Mató a 15 y 13 resultaron heridos.

Felipe Calderón estaba de gira por Japón, y al enterarse de la noticia quiso minimizar la tragedia. Llamó pandilleros a los 15 jóvenes asesinados a sangre fría y ni siquiera se refirió a los heridos. Días después fue encarado por la madre de uno de esos muchachos y el expresidente Calderón tuvo que pedir disculpas.

Segundo ridículo.- El 9 de diciembre de 2010, Alejandro Poiré, entonces vocero de seguridad del calderonismo, anunció la muerte de Nazario Moreno González, alias El Chayo, líder y fundador de los Caballeros Templarios, en Apatzingán, Michoacán.

Sólo que aquel anuncio fue distinto. En esa ocasión no se hizo el gran montaje mediático que tanto gozaba Calderón para presentar a los criminales. Poiré se concretó a decir que las ‘evidencias’ indicaban que El Chayo había sido abatido, pero nunca encontraron su cadáver. Nos hicieron creerles como si fuera un acto de fe.

Tercer ridículo.- El 21 de junio de 2012 se informó que un grupo de fuerzas especiales de la Secretaría de Marina detuvo a Jesús Alfredo Guzmán Salazar, alias El Gordo e hijo de El Chapo, en la colonia Jardines de la Patria, Zapopan. Se informó que Guzmán Salazar estaba tomando control creciente de las operaciones del Cártel de Sinaloa e incluso coordinaba el movimiento de la mayoría de las drogas enviadas a Estados Unidos. Presumiblemente se encargaba del manejo de los bienes de El Chapo.

De risa loca. Horas después se supo que se equivocaron. Tras hacer las pruebas de ADN correspondientes se confirmó que el muchacho no tiene parentesco alguno con Joaquín Guzmán Loera. ¿Con ese rigor manejó la Presidencia de México Felipe Calderón? Qué miedo.

Por cierto…

Esta semana fue anunciado el proyecto para poner en marcha la Línea 3 del Tren Ligero de Guadalajara, Jalisco. Es una obra esperada por décadas y que costará 17 mil 692 millones de pesos. Lo que sí es seguro es que están muy atentos y tomando nota para que no les pase lo que al Gobierno del Distrito Federal con la Línea Robada, digo, ¡Dorada! del Metro.