Opinión

Los retos de Meade

 
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Meade y Peña. (Reuters)

No hubo sorpresa. José Antonio Meade fue elegido por el presidente Peña como precandidato del PRI a la presidencia de la República.

Con un método arraigado en las tradiciones priistas, Peña consideró que el exsecretario de Hacienda es el mejor prospecto para competir por sucederlo en la presidencia.

Aunque el procedimiento electivo no gusta a muchos, en el pasado le funcionó al PRI en la mayor parte de los casos.

Partidarios y detractores señalan que una de las virtudes que tiene Enrique Peña es la habilidad para reconocer a los candidatos más adecuados en determinadas coyunturas.

En diversas ocasiones se señaló que lo requerido por el candidato del PRI era en primer lugar la capacidad para competir y ganar la elección. Lo segundo es la confiabilidad de la persona que eventualmente llegará a la presidencia. Lo tercero es la determinación de mantener el proyecto de reformas estructurales que comenzó en su administración, avanzando más aún.

Me refiero hoy al tema de la capacidad para competir por parte de Meade.

Algunos piensan que tiene desventaja por el hecho de que no se caracteriza por ser un orador que electrice a las audiencias a las que habla.

El precandidato priista tiende a hablar a la razón de quienes lo escuchan para tratar de persuadirlos.

Pero tenga la certeza de que al paso de los días no tendrá ningún problema para pararse un templete y emocionar a sus audiencias. No lo ha hecho porque no lo ha necesitado.

Por otra parte, la visión de que las elecciones se ganan con los discursos en los mítines ya no corresponde a la era de las redes sociales. Hoy se requiere mucho más.

Pero hay otro ingrediente de gran relevancia.

Entre los temas más recurrentes de la campaña aparecerán la corrupción y la inseguridad.

Respecto al primero, el precandidato puede presumir de una trayectoria impecable en el sector público. El reto será hacer propuestas que garanticen que esa condición prevalezca en todo el sector público. Y ser convincente.

El otro tema relevante es el de la seguridad. Meade, al no tener responsabilidad directa en ese ámbito en las administraciones en las que ha participado, tendrá un amplio margen de libertad para definir estrategias novedosas, que incluso cuestionen las que se aplicaron en las administraciones en las que ha participado.

Un reto más, quizás el más complejo, es cómo construir una imagen propia, que tome distancia del presidente Peña, pero sin enfrentarse o romper.

Con los bajos niveles de aceptación que tiene el primer mandatario, será necesario que Meade logre separarse de la imagen del presidente Peña pero, al mismo tiempo, defienda la continuidad del proyecto reformista.

La tarea no es nada sencilla. Por eso, hay muchos analistas que piensan que con cualquier candidato el PRI perdería la elección y otros más que señalan que el perfil de Meade, el primer no priista de la historia que será postulado, no es competitivo frente a un personaje como López Obrador.

Hay razón en las dudas, no será nada fácil remontar la desventaja que hoy tiene el candidato del PRI.

Pero ayer le comentaba que en las campañas las preferencias pueden cambiar de manera muy amplia y allí está la oportunidad que Meade tiene y el reto de vencer a quienes hoy algunos consideran invencible… aunque ya haya perdido en dos ocasiones.

Twitter: @E_Q_

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