Opinión

Los problemas no se resuelven ignorándolos

 
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Contaminación. (Cuartoscuro)

México siempre está tarde. Llegamos tarde a una cita, le entramos tarde a oportunidades como la de la gran revolución educativa que ocurre a nivel mundial (ni siquiera logramos evaluar maestros), enfrentamos tarde problemas que dejamos crecer como cáncer maligno, haciéndoles frente sólo cuando los tumores son evidentes a simple vista. Dos acaparan los titulares: la contaminación que aqueja a la Ciudad de México, y la retórica anti México en Estados Unidos. No aparecieron de repente, llevan décadas labrándose.

Sacar de circulación 20 por ciento de los automóviles (o 40 por ciento) da un respiro, literalmente, momentáneo. Muchos automóviles guardados son nuevos y tienen tecnología moderna que reduce a un mínimo sus emisiones. De prevalecer la situación, muchos conductores comprarán automóviles viejos para usarlos cuando su auto nuevo no circule.

Se dice que un país desarrollado no es aquel donde la gente pobre tiene automóvil, sino donde la gente rica utiliza transporte público. En un día como hoy, los automovilistas frustrados no tienen esa alternativa. Por ahora, trabajarán en casa o a buscarán compartir el auto de quien circule; repito, por ahora. Otros, tomarán un taxi viejo y contaminante, pues la CDMX negoció que los sitios reduzcan sus tarifas (medida que pudo diseñar el mismísimo Kafka).

Sabemos que es imposible que surjan de repente alternativas nuevas de transporte público. Se debió planear hace décadas. Hoy, sólo se apagarán fuegos, y rezarán a Tlaloc para que las lluvias se adelanten.

Entonces, el tráfico volverá a ser catastrófico (lluvia, más todos los autos circulando), pero el agua limpiará nuestros pecados. Nadie propone medidas reales de largo plazo. La gente de Mancera dice estupideces como que se ofrezca aventón a la gente que esté parada en las calle. ¡Buena idea en una ciudad tan “segura” y “pequeña”!

Con Estados Unidos nos pasó lo mismo. Hace 25 años, la administración de Salinas armó una estrategia sólida e inteligente en la que gobierno y empresarios se aliaron para impulsar el TLCAN.

Operaron a nivel del Legislativo estadounidense, en distritos que se beneficiarían de la relación comercial, en medios fomentando una imagen más moderna y pujante de la capacidad industrial de México, y la apuntalaron con eventos culturales muy taquilleros, como la extraordinaria exposición de Treinta Siglos de Esplendor que se presentó en el Met de Nueva York, en Los Ángeles y San Antonio (llevamos 25 años sin otra comparable).

La estrategia fue tan exitosa, que a pesar de la lectura equivocada que pronosticaba que el presidente Bush (padre) se reelegiría, Bill Clinton, demócrata, apoyó el tratado (a pesar de la oposición de su esposa, más cercana a sindicatos y a la base demócrata tradicional). El esfuerzo se abandonó. La relación comercial creció, excediendo al pronóstico más optimista. Proporcionalmente, la relación entre ambos gobiernos lo hizo también. Pero, hemos carecido de una estrategia de largo plazo en la relación. Hoy, de repente, nos encontramos con una retórica anti México que pone en peligro, incluso, un tratado comercial del cual depende un tercio de nuestro PIB, y apenas nos empezamos a preocupar.

El cambio de embajador en Washington hace evidente que el nombramiento de Miguel Basáñez no pudo ser más errado, ni las razones para elegirlo más frívolas. Quizá es un buen tipo, pero está a años luz de tener el perfil que se requería, e insistió en demostrarlo.

Carlos Sada siempre debió ser el embajador. Tiene un perfil idóneo. Ha sido un excelente cónsul en Los Ángeles, Nueva York, Chicago, San Antonio y Toronto; estuvo a cargo de la relación con el Legislativo estadounidense en la embajada de México, cuando Arturo Sarukhan (quien también hizo un buen trabajo) la presidía; fue alcalde de Oaxaca, lo cual le da una sensibilidad y cercanía hacia las comunidades migrantes de la cual carecen muchos (no todos) en el Servicio Exterior.

Es demasiado tarde para influir en el ambiente previo a las elecciones estadounidenses. Sólo podremos colocar datos duros sobre la mesa, para rebatir información falsa que se difunde en forma flagrante. Este entorno debe ser el catalizador para empezar un esfuerzo permanente que haga que la imagen de México evolucione de la del país que exporta narcóticos y migrantes, a la del socio joven, trabajador, vital y pujante que le da viabilidad global a la industria manufacturera estadounidense que renace. Tendrá que hacerlo de la mano de intereses privados, mexicanos y estadounidenses, para los que sería letal que la narrativa anticomercio y anti México se arraigue. Sada tiene la humildad (otro elemento escaso en el Servicio Exterior) para entender que nada de lo que se emprenda puede abiertamente provenir del gobierno mexicano, pues eso sería como echarle gasolina al incendio.

Los problemas de contaminación, de imagen, de corrupción, o de violencia no se resuelven ignorándolos. A ver con qué tamaño de crisis aprendemos esa lección… aunque sea tarde.

Twitter: @jorgesuarezv

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