Opinión

Los políticos, siempre los políticos

"Que dice mi mamá que siempre no". Es una expresión coloquial que usamos en México para ironizar sobre los arrepentimientos, en muchos casos, fuera de lugar y tiempo.

Pareciera el caso de los senadores de Acción Nacional.

Cuando ganó Gustavo Madero la presidencia panista le comenté en este espacio, que eso, lejos de facilitar la negociación de las leyes secundarias de las reformas de energía y telecomunicaciones, lo podría complicar, pues Madero tendría que legitimarse ante un PAN dividido, asumiendo posiciones de mayor confrontación con el gobierno de Peña.

Ayer, el coordinador de los senadores panistas, Jorge Luis Preciado, hizo explícito el condicionamiento del eventual respaldo del PAN a las reformas energética y de las telecomunicaciones, a que ocurran las modificaciones a las legislaciones estatales en materia electoral, para lo que se dio un plazo que vence el 30 de junio.

Sin embargo, ayer por la tarde, el presidente del PAN, Gustavo Madero, llamó a reunión a los coordinadores de las dos cámaras y a un grupo de legisladores.

La versión es que fue para fijar una posición única de los dos grupos parlamentarios, pero al menos al momento de escribir estas líneas, no había trascendido ninguna información de ese encuentro.

Lo que es un hecho es que pareciera que en la aprobación de la legislación secundaria derivada de ambas reformas hay más complicaciones de las que se presumían.

Hay quien está despreocupado por este hecho y señala que si esperamos décadas para tener una reforma constitucional en energía y años para la de telecomunicaciones, es lo de menos esperar algunas semanas o algunos meses más.

Esta hipótesis supone que será un asunto de tiempo para que los partidos se pongan de acuerdo.

Lo dudo. El tiempo eventualmente puede enredar más aún las cosas.

En esta coyuntura, creo que es necesario aprobar las reformas por mayoría y no por consenso.

El gobierno de Enrique Peña y el PRI, como promotores de esas reformas, deben recordar que las democracias están diseñadas para que domine la voluntad de la mayoría, se forme como se forme.

Desde luego hay que escuchar las críticas fundadas que existan a la redacción de cada una de las propuestas.

Por ejemplo, en el caso de la legislación en materia de energía hay que revisar con cuidado si la discrecionalidad que se da a la autoridad en diversos ámbitos no va a ahuyentar a los inversionistas, cuando éstos empiecen a leer la letra chiquita, como ya sucedió en el caso de Alfa.

En el asunto de las telecomunicaciones, hay que observar con detalle todo lo que en la primera redacción aludía a internet.

Pero, una cosa es discutir y modificar la ley, y otra diferente esperar a que haya un acuerdo de todos para proponer los dictámenes.

Si los políticos realmente pensaran en el bien común, otra historia sería. Habría, entonces sí, que buscar consensos.

Pero, dado el interés particular que persiguen, hagamos las mejores leyes posibles, resolvamos la incertidumbre que flota en el ambiente y definamos reglas básicas para volver a hacer que la economía camine.

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