Opinión

Los “pobres” de México y el Papa

 
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POBRES SLP

El viernes, al clausurar la 27 Reunión de Embajadores y Cónsules, el presidente Enrique Peña hizo un mini informe de gobierno. Ahí refirió el tema de la pobreza: “Como ustedes lo saben, en México la medición de la pobreza es multidimensional. Y esto significa que tenemos que actuar en varios frentes, de forma simultánea, para lograr realmente una disminución de la misma”.

Son dos las palabras clave en esa mención: “medición” y “multidimensional”.

Como se sabe, desde 2015 ha iniciado una reflexión de parte de diferentes actores públicos respecto de la forma en la que se mide la pobreza, sobre todo a raíz del dato liberado en julio, cuando Coneval dijo que entre 2012 y 2014 aumentó en dos millones el número de pobres y se situó en 55.3 millones de individuos; algo así como 26 por ciento. Y ahora, con el presidente abordando el tema en una reunión clave, es factible pensar que el gobierno desearía insistir en revisar esa “medición”.

Un redimensionamiento de la medición de la pobreza en México es muy necesario; fundamental para el gobierno de Peña, porque si el siguiente dato refleja un estancamiento o elevación, uno de los pilares de su gobierno se habrá descarrilado, incluso si se presumen algunos resultados del programa Prospera.

México no es pobre. Ése es el mensaje más relevante que el gobierno debe insertar en la mente de la sociedad. Pero los prejuicios al respecto están muy arraigados. No obstante, como me dijo anteayer Eduardo Solís, el presidente de la AMIA, nuestro país no es competitivo atrayendo inversión millonaria por ser barato en mano de obra, sino por ser altamente eficiente. ¿Por qué no se va esa inversión de las armadoras japonesas, coreanas, alemanas y estadounidenses a Centroamérica?, se pregunta. La respuesta es que, aunque allá exista una ventaja de costo en mano de obra, aquí es donde está la calidad y la eficiencia (y eso no es precisamente barato).

De acuerdo a nuestra medición, aquí hay una proporción de pobres mayor que en Senegal, Uganda o El Salvador. Claramente hay un error a corregir. Pero hay un riesgo latente: Andrés Manuel López Obrador, quien aprovechará cualquier cambio en el conteo de los pobres para espetar que Peña los quiere borrar de un plumazo.

Urge que dejemos de ser percibidos como pobres. Pero cambiar ese posicionamiento requerirá aliados internacionales, que construyan el discurso y validen los cambios. El Papa Francisco podría ser uno de ellos; pero habrá que pedirle el favor de referirse a los pobres en su justa dimensión, y no como los políticos aquí los han visto por décadas: como fuente inagotable de sus promesas para obtener millones de votos. Sí, la Iglesia católica podría ser una aliada clave en esto.

Twitter: @SOYCarlosMota

Correo: motacarlos100@gmail.com

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