Opinión

Los platos rotos

Gil leyó con los ojos de plato en su periódico Reforma el informe (orma-orme) que dio a conocer el secretario de Obras del gobierno capitalino, Alfredo Hernández, acerca de las fallas en la planeación, diseño y construcción de la Línea 12 del Metro. Gamés se desvaneció dos veces: deben realizarse 32 acciones para reparar los errores. Lo único claro en todo este enredo es que si la obra monumental la hubiera dirigido Gil, la Línea 12 estaría en mejores condiciones que las actuales. Como el mundo entero sabe, la Línea 12 fue la obra del gobierno de Marcelo Ebrard y costó 22 mil millones de pesos y no sirve para maldita la cosa.

La Línea 12 corre, bueno no corre a ninguna parte, repta, se arrastra, moribunda, de Mixcoac a Tláhuac, mide 22 kilómetros de los cuales 14 están cerrados desde hace casi seis meses, cuando un ingeniero, o vaya usted a saber quién, el Espíritu Santo, descubrió que los trenes y las vías eran incompatibles. Entre las reparaciones que la consultora Systra ha sugerido en su informe están cambiar rieles, durmientes, catenarias; también reperfilar tanto vías como ruedas de trenes, así como modificar el trazo de las curvas. Al parecer, los ingenieros de las empresas ICA-Carso-Alstom estudiaron la carrera de ingeniería en odontología. Hombre, qué venga la poesía en nuestra ayuda: señores empresarios, la verdad, ya ni chingan.

Las piezas

Oigan esto: “En total se tendrán que sustituir más de 312 mil piezas sólo del tramo elevado”. También, escriben en su nota Oscar del Valle y Jonás López, “se deberán sustituir 15 kilómetros lineales de rieles y 14 mil metros cúbicos de balasto, modificar peraltes de las curvas y renovar sujetadores y 12 mil 500 durmientes (…) Asimismo, alinear ocho mil metros de cable de alimentación eléctrica aérea”. Caracho, si Gil supiera lo que es un metro cúbico, si pudiera describir un balasto, estaría todavía más escandalizado de lo que está. De sujetadores, Gilga sabe un rato largo, mju, de catenarias, más o menos, eso que ni qué. Es como si usted compra un coche caro, muy caro, y le llevan a su casa una carreta sin una rueda y le dicen: aquí está su coche.

Para lograr este desastre perfecto se unieron el gobierno de Distrito Federal (DF) y poderosos empresarios de ICA-Carso-Alstom. Según el informe de Systra “se detectaron errores en el diseño y la construcción, así como materiales sin la calidad suficiente en el sistema de vías realizado por esa tercia de reyes. Y por si fuera poco, los expertos encontraron fallas en los 30 trenes FE 10 que entregó la empresa CAF por los que se pagaron 18 mil millones de pesos”. Muy bonito todo. Como vamos a paso de gallo-gallina, no hay todavía una sola señal de sanción o castigo para esta salvajada como Gil no recuerda otra en la obra pública mexicana.

¿Quién paga?

El Gobierno del Distrito Federal pretende que las empresas ICA-Carso-Alstom, así como los proveedores de trenes CAF, paguen las reparaciones de la Línea 12 del Metro. La Contraloría General del DF determinará la responsabilidad de cada empresa. Correcto, que paguen las empresas, pero el verdadero lío empezará cuando los funcionarios públicos sean llamados a pagar. ¿Quiénes se encargaban de supervisar la obra? Salvo que nadie supervisara nada, cosa muy probable, a juzgar por los resultados.

No se lo tomen a mal a Gamés, ni piensen que Gil es un peón en el tablero político indecible, ni que en fin, Gilga ha recibido instrucciones de orden suprema, pero lo menos que merece Marcelo Ebrard es la inhabilitación de por vida. Y decir lo menos es lo menos, 22 mil millones de pesos no es poca monta. Felipe Calderón, por cierto, apoyó con todo esa obra inservible. Gamés se pregunta con qué cara intenta Ebrard presentarse a una elección. ¿Estamos locos? ¿No les da vergüenza?

La máxima de George Bernard Shaw espetó dentro del ático de las frases célebres: “Cuando un hombre estúpido hace algo que le avergüenza, siempre dice que cumple con su deber”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX