Opinión

Los pies firmes sobre la tierra

Hoy comienza el cuarto trimestre de este año, que ha sido histórico por los cambios que ha traído, pero que a veces parece transcurrir con una lentitud desesperante.

Comienza, pues, el último tramo de 2014, que a su vez es la antesala de otro tiempo que se antoja complicado en México, el 2015.

No tenemos aún resultados económicos del tercer trimestre, pero los datos financieros que sí cerraron la tarde de ayer, nos hablan de una etapa de volatilidad. De hecho, los niveles en los que se encuentra el peso, con una paridad de poco más de 13.70 por dólar, son una ilustración clara de que estamos en un cierto remolino.

En la entrevista con Agustín Carstens que publicamos esta semana, nos recordó que no estaríamos exentos de volatilidad, pues es algo que va a ocurrir por todas partes, como producto del regreso a una era de normalidad de la política monetaria, por lo pronto en Estados Unidos.

Un regreso a la normalidad que no tiene precedentes, pues es la primera vez en la historia que se inyectó dinero en magnitudes incomensurables, que a nivel mundial se calcula en cuatro billones de dólares.

La volatilidad no será de unos meses. Aunque en octubre finalmente deje de inyectarse dinero, el retiro de la liquidez será lento, quizá de varios años, y probablemente no ocurra de manera suave y uniforme.

Quienes creen que viviremos una etapa como la de los 60, con tipos de cambio casi fijos y con movimientos marginales en los mercados, más vale que vayan cambiando de opinión.

Por esa razón es que valdrá más que nunca estar bien anclados. Los países que estén mal parados, probablemente sufrirán más vaivenes. Pero en México, particularmente a través del tipo de cambio, padeceremos inestabilidad.

Los activos en pesos mexicanos han sido un refugio de inversionistas en busca de rendimiento porque entre las monedas emergentes el peso es la más líquida. Es más fácil salirse de activos en pesos que de los que están denominados en reales brasileños, wones coreanos o cualquier otra moneda de país emergente alguno.

Por esa razón, cuando hay temblores financieros, a nosotros nos pegan primero.

Lo bueno es que el tipo de cambio flexible actúa como un amortiguador. Es cierto que se producen vaivenes de la paridad, como los hemos tenido en los últimos días, pero al mismo tiempo, eso nos evita otros trastornos.

Y quizá lo más importante es que luego del impacto inicial que puede tener un brote de volatilidad, un país como el nuestro se ve ya diferente en los mercados.

Si a algún país emergente le van a apostar en el largo plazo los inversionistas es precisamente a México.

Así que en los siguientes meses habrá que distinguir entre los impactos en las variables financieras, que sin duda tendremos y que no van a pasar rápido, y el impulso al crecimiento económico firme.

Ambos fenómenos van a coexistir en México y quizás empecemos a ver ambos precisamente en el trimestre que hoy comienza.

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