Opinión

Los perdedores

 
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Manlio Fabio Beltrones

Los grandes perdedores de la elección del pasado domingo son sin duda el dirigente nacional del PRI, Manlio Fabio Beltrones, y el jefe de gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera. El primero porque le resulta imposible justificar la derrota en estados como Veracruz, Chihuahua, Durango y Quintana Roo, sin responsabilizar directamente a los gobernadores de los estados y a la incapacidad del aparato partidario de imponerse sobre los errores de los virreyes insaciablemente corruptos. Los casos de Veracruz y Chihuahua hablan por sí solos. La decisión de no remover a estos abusadores del poder y fincarles responsabilidad por sus excesos fue cobrada por la ciudadanía con un voto de castigo no dimensionado por el priismo nacional.

En el caso de Quintana Roo, se repitió el viejo modelo de priorizar los intereses de una clase política local eternizada en el poder, sin diagnosticar el peso de un candidato emergente como Carlos Joaquín, quien simplemente con aparecer bajo las siglas de los partidos de oposición terminó con la hegemonía tricolor en el estado. La avalancha blanquiazul, sola o acompañada por los aliados del sol azteca, hicieron la lectura adecuada de un discurso antipriista vinculado a la impopularidad de gobernadores que al haber perdido los límites de su función como servidores públicos, abrieron la puerta al voto ciudadano en favor de la oposición panista.

Las dos gubernaturas perdidas por la alianza PAN-PRD en favor del PRI, Sinaloa y Oaxaca, responden a lógicas diferentes. La primera al retorno del gobernador aliancista Mario López Valdez a las filas del priismo realizando una operación electoral efectiva, y la segunda como producto de la fractura al interior del PRD y que generó la candidatura del experredista Benjamín Robles como abanderado del PT, quien al obtener casi el 11 por ciento de los votos abrió el camino para el triunfo de Murat y la derrota del aliancista Estefan. En este sentido es posible afirmar que el problema al que se enfrenta el PRI radica en encontrar una vez más la manera de revertir la imagen de “partido de Estado, autoritario y corrupto” que le permitió regresar al poder en el 2012 después de 12 años en la oposición.

El otro derrotado es sin duda Miguel Ángel Mancera. La baja participación en la elección para la Asamblea Constituyente y el hecho de haber sido superado por Morena representan un fracaso para el proyecto que se suponía era la gran apuesta política del jefe de gobierno. Una ciudad envuelta en problemas de seguridad, contaminación, vialidades y transporte, no encuentra a una ciudadanía dispuesta a interesarse en participar para elegir a un cuerpo de notables encargados de redactar un texto legal del cual desconoce su importancia o trascendencia para su vida cotidiana. La agenda política de Mancera no ha tenido el cuidado de tocar aquellas fibras que lo hacen ver como un solucionador de problemas entre los habitantes de la ciudad.

De esta manera, tanto para Peña Nieto y el PRI, como para Mancera y el PRD, las derrotas del 5 de junio los obligan a repensar la estrategia para 2018, en el entendido de que ni el voto duro de sus respectivos partidos, ni sus aparatos partidarios, ni mucho menos las propuestas hechas a los ciudadanos han rendido frutos en términos electorales.

Mientras los panistas parecen haber descifrado precisamente el código ciudadano, y Morena camina lentamente en su avance hacia la candidatura del eterno caudillo, PRI y PRD están urgidos en encontrar un nuevo modelo de comunicación y vinculación con la sociedad que pueda regresarlos al camino del triunfo.

El tema corrupción, que tanto sirvió para derrotar a candidatos en estados donde los gobernadores saquearon sin piedad, es otro tema a tomar en cuenta si se quiere ganar en el 18.

Twitter: @ezshabot

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