Opinión

¿Los partidos que nos merecemos?

Dice aquel viejo adagio que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen.

Podemos parafrasearla preguntándonos si también tienen los partidos que se merecen.

Habrá quien grite. “¡No, por favor! En México no nos merecemos los partidos que tenemos”.

Allí le van unos datos. De acuerdo con las encuestas que practica regularmente Consulta Mitovsky, el 42 por ciento de los entrevistados en diciembre del año pasado (la última ocasión que se hizo esa pregunta) no señaló ninguna intención de voto por partido alguno en México.

Se trata del mayor porcentaje en 13 años para esa respuesta.

¿Cómo interpreta este hecho? Evidentemente, más y más personas en México no se sienten representadas por ninguno de los partidos que tenemos.

Ayer por la noche, precisamente, los suspirantes por la presidencia nacional del PAN se agarraron, perdón, debatieron. Y, quizás como ilustración de lo que le ha pasado al blanquiazul, la señal de Internet –por donde se transmitió– de plano estuvo fallando; a veces jalaba y a veces nada se oía.

El PAN tuvo todo para darle la vuelta a este país durante los 12 años que estuvo en la Presidencia y el resultado fue… ¡el que dio la vuelta y regresó fue el PRI!

Cuando un partido como el tricolor, que parecía herido de muerte, vuelve, pues es que de plano los azules hicieron pensar a mucha gente que con ellos en la Presidencia pasábamos de “Guatemala a Guatepior”.

Pero, dónde deja usted al PRD. Aunque hay perredistas suficientemente civilizados e inteligentes para escuchar y discutir con uno de sus críticos históricos, como esta semana hicieron con Enrique Krauze, sigue dominando en muchos la visión de que hay que hacer que le vaya mal al gobierno.

En los viejos discursos se decía: hay que exacerbar las contradicciones del capitalismo para que éste se derrumbe.

Con las divisiones que se vislumbran en la izquierda, pareciera que en las siguientes elecciones va a regresar a sus votaciones históricas, esas donde menos del 10 por ciento de los electores se inclinaban por ella.

¡No! Gritan muchos. ¿Entonces sólo queda el PRI, un partido que abrigó a Cuauhtémoc Gutiérrez? No, desde luego. También está la chiquillería. Es decir, otros negocios, perdón partidos, que han vivido de las alianzas por muchos años.

Allí tiene para que elija. ¿Quiere más explicación a la cifra de Mitofsky?

Pero, y esto es lo central. Los ciudadanos no cantamos mal las rancheras.

La verdad es que en muchas ocasiones hemos pecado de ingenuos. Nos hemos creído cuentos de las izquierdas, las derechas y los centros.

Pero también nos hemos vuelto escépticos, indiferentes y a veces hasta cínicos.

Sin embargo, como dice el otro adagio: con estos bueyes –todos nosotros– hay que arar. Y mire que el país tiene todavía mucha tarea por delante.

Ya que la Semana Santa no sirvió para la reflexión, veremos si ahora que los legisladores federales terminan su periodo ordinario de sesiones, se les pasa el mal hálito que han traído consigo a últimas fechas y que nos ha hecho recordar los peores momentos de los años en los que parecía que practicaban el deporte del pleito con singular alegría para ellos y plural tristeza para todos los demás.

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