Opinión

Los panistas

 
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Ricardo Anaya

La división interna en los partidos políticos es la principal causa de las derrotas electorales. No la única, pero sí la más importante. Presentarse unidos a una elección no garantiza el triunfo, pero no hacerlo es estar derrotado de antemano.

El PRI del 2000 perdió la presidencia por la demanda de alternancia, pero también por el abandono en el que Zedillo dejó al PRI y a su candidato Labastida. En 2006 Fox quería a Creel como candidato, pero ante el pánico que implicaba la llegada al poder de López Obrador, el apoyo a Calderón se mantuvo e incluso llegó al límite de la legalidad.

No fue así el caso de Calderón con Josefina Vázquez Mota, lo que abrió al camino a Peña Nieto pero además acercó a AMLO en la recta final.

La unidad panista en las pasadas elecciones de junio rindió triunfos inesperados.

Nadie esperaba el repunte arrasador de los blanquiazules en los comicios estatales y esto se explica tanto por la política de alianzas como por el aglutinamiento de todo el panismo en torno a sus candidatos a gobernadores. El problema comenzó cuando la popular figura de su presidente de partido Ricardo Anaya se proyectó como una fuerte opción para la candidatura presidencial panista para 2018. Esto desató el enojo de sus opositores, empezando por su mentor Gustavo Madero y seguido de los precandidatos Margarita Zavala y Rafael Moreno Valle.

Es obvio que Anaya pretende extender su presidencia en el partido lo más posible para aprovechar las ventajas de su presencia mediática y de esta manera mantener una posición privilegiada a la hora de la contienda interna para definir la candidatura presidencial. Para Zavala y Moreno Valle esta situación se asemeja a lo sucedido con Roberto Madrazo en el PRI y que terminó en una catástrofe electoral para los tricolores. La elección interna en Acción Nacional deberá contar con un padrón confiable, recursos limitados y transparentes para los competidores, y finalmente un resultado que garantice la unidad para el ganador.

En este momento la popularidad de Margarita Zavala ha superado las expectativas de los panistas en general y se proyecta como la candidata con mayores posibilidades de enfrentar una competencia frente a los representantes del PRI, PRD y Morena. Hasta ahora la posibilidad de que el PRD vea a Zavala como una potencial carta aliancista se ve lejano, más aún ante la cada vez más cercana opción de Mancera como abanderado del sol azteca. Mientras tanto, en el PAN el fantasma de la división se mantiene más que nada por lo que consideran como una ventaja desleal de Anaya hacia los demás contrincantes, con la esperanza de lograr establecer un acuerdo en los próximos meses.

La única posibilidad de que los panistas, incluyendo a su actual presidente, mantengan el esquema de unidad que los llevó a la victoria en junio pasado, es que la figura de uno de los tres precandidatos crezca en las preferencias electorales a nivel nacional de manera tal que se presente como una alternativa arrasadora al estilo Fox, que les permita pensar en la posibilidad real de regresar a la presidencia en 2018. Hasta ahora sólo Margarita Zavala va en esa línea y más ante un triunfo de Hillary Clinton, lo que avivaría los paralelismos históricos entre estas dos mujeres.

Insisto, la clave del triunfo radica en la unidad partidaria y por supuesto una candidatura efectiva en una campaña bien organizada y financiada.

La lucha interna y la falta de acuerdos posteriores a la elección del abanderado son las causas principales de los fracasos electorales, más aún que la fuerza de los contendientes a enfrentar. Los panistas se juegan el futuro de su partido y el de la alternancia en el 18.

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