Opinión

Los muchos pesos que implican el exceso de peso

 
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obesidad

Gabriela Andrea Luna Ruiz.

La obesidad y el sobrepeso son considerados la epidemia del siglo XXI pues de la mano con la acumulación de peso por cada individuo, se incrementan padecimientos emergentes, como enfermedades cardiovasculares siendo la hipertensión la más común de ellas, tumores malignos principalmente de cáncer y, en un lugar preponderante, la diabetes mellitus. Todas ellas con un carácter crónico degenerativo, es decir, son enfermedades que te acompañarán a lo largo de la vida, pues no provocan una muerte inmediata.

El problema parece ser más profundo en sociedades en desarrollo que en promedio tienen población aun joven, como México, donde 54.5% de los mexicanos tiene menos de 30 años de edad, aproximadamente 65 millones de personas. De acuerdo a la Encuesta Nacional de la Salud y Nutrición (ENSANUT 2012), 26% de los niños, 66% de los hombres y 72% de las mujeres mayores de 20 años presentan sobrepeso u obesidad; esto anuncia que habrá una gran carga de la enfermedad asociada a esta condición en las siguientes décadas pues la esperanza de vida promedio es de 74.73 años.

Asociado a la reducción en la calidad de vida de las personas que viven en estas condiciones, es imposible no considerar el impacto de estos padecimientos en las finanzas del sistema de salud: basta con mencionar que implica de forma directa un 7% del gasto total en salud, sin considerar el gasto en comorbilidades que es muy complicado de calcular. Sin embargo, estimados de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) para 2017, señalan que este costo puede ascender a 107,000 millones de pesos si no se ataca frontalmente el problema. ¿Con qué podemos comparar esta cifra que quizás sólo nos impresione? Bien, se puede decir que es 1.34 veces el presupuesto total que se asigna al Seguro Popular en salud o 1.28 veces el presupuesto que para el programa Prospera la Secretaría de Hacienda solicitó, ambos alrededor de 75 mil millones de pesos. En resumen, el problema de la obesidad ha dejado de ser estrictamente de salud pública y se ha convertido en un problema de salud financiera para el sistema.

Llama la atención que se trate de un problema bastante democrático que afecta por igual a las personas más vulnerables por nivel de ingreso que a aquellas que se encuentran en la parte la más alta de la distribución de riqueza. Las enfermedades más asociadas a la obesidad son hipertensión y diabetes, ambas representan alrededor del 24% de la población, siendo únicamente el grupo del 10% con menos ingresos quienes tienen una cifra más baja de prevalencia de tales padecimientos cerca de 21%. Dado que el ingreso y la educación están muy relacionados, parece que la educación formal tampoco protege a las familias de tener malos hábitos que induzcan al sobrepeso.

Es complejo generar una recomendación unilateral como impuestos o incremento de precio a los alimentos y bebidas con calorías vacías, sea por estar compuestos de fructuosa, azúcares y harinas refinadas o por grasas saturadas; porque a la vez son los más accesibles en los mercados para las personas que no pueden preparar y consumir comida en casa, para quienes tienen que comer en la calle o bien, para los que tienen bajos recursos y viven en comunidades apartadas.

Como sociedad, conviene tener una visión integral para combatir el problema y atacarlo desde diversos frentes: el sedentarismo en las grandes ciudades, el limitado acceso a comida nutrimentalmente saludable, y la disponible, suele tener riesgos para la salud por no estar desinfectada, la sobreoferta de alimento chatarra, etc. En tal sentido, es fundamental el papel las madres en el cuidado de la alimentación y hábitos de consumo de los niños. De no tener una visión comprensiva del problema, lo único que crecerá es el presupuesto para las personas que viven con obesidad y sobrepeso, y la industria de los suplementos alimenticios y medicamentos que prometen bajar de peso sin erradicar el problema de raíz.

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