Opinión

Los motivos de Peña

  
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Trump, EPN

El presidente Peña Nieto tuvo que tomar una importante decisión hace unos días. El candidato republicano Donald Trump aprovechó la carta que le turnó y contestó que quería venir al país.

Según la teoría sobre las decisiones de política exterior, tres características deben ser tomadas en cuenta para desentrañar la conducta del líder.

Primero, la importancia de la decisión. Recibir a Trump era de gran importancia para Peña y su equipo. Se trataba del gran villano estadounidense. Esto es, tuvo que tomar una decisión que si bien no ponía en riesgo su supervivencia, sí lo podía marcar para el resto de su sexenio y su legado. Segundo, ¿hubo sorpresa? Pareciera que por la agenda de la canciller, quien estaba inaugurando un consulado en Milwaukee, Peña y su equipo no esperaban una respuesta afirmativa al menos en ese momento. Finalmente, ¿tenía tiempo el líder de tomar una decisión? Aparentemente el tiempo para decidir fue muy breve. Trump quería ligar la visita a México con su viaje a Arizona donde había propagado que haría un importante discurso migratorio.

¿A quién consultó Peña? No lo sé, pero me supongo que a la canciller y a sus más allegados colaboradores. Aparentemente, Peña no se caracteriza por consultar a mucha gente más allá de su cerrado círculo.

¿Qué antecedentes tenía el círculo de decisión de Peña? Dos visitas previas de candidatos estadounidenses. En 2008, el senador John McCain, candidato republicano a la presidencia, viajó a México. Y en 2012, Joe Biden, el vicepresidente y también candidato a la vicepresidencia, visitó México y se entrevistó con los tres candidatos principales, Josefina Vázquez Mota del PAN, Peña Nieto del PRI y Andrés Manuel López Obrador del PRD.

Ambas visitas salieron bien. McCain había cambiado 180 grados su posición migratoria. De ser el paladín de la migración junto con Edward Kennedy con quien produjo una iniciativa de ley migratoria enormemente benévola en 2006, dos años más tarde como candidato adoptó una postura fuertemente antimigratoria. La conversación de McCain con el presidente Felipe Calderón fue amable y se discutieron con apertura y respeto distintas aristas de la relación bilateral. McCain no cambió su postura antimigratoria, pero de haber llegado a la Casa Blanca no hay duda de que ya habría un buen puente de comunicación entre los líderes de ambos países.

Joe Biden, junto con Obama, logró la reelección y en el segundo cuatrienio de la administración ha sido el puntal de Washington en la relación con México. Él encabeza, junto con Luis Videgaray, secretario de Hacienda, el grupo de alto nivel en materia económica comercial.

¿Debía Peña reunirse con el enemigo público de México?

Desconozco las cavilaciones de Peña y sus allegados. Pero el propio Barack Obama está dejando lo mejor de su legado en seguridad nacional gracias a dialogar con dos acérrimos enemigos de su país: Cuba e Irán. Los halcones de la política exterior no se lo perdonarán jamás, pero justamente las agallas de Obama para salirse del guión dictado por los “expertos de seguridad de Washington” le posibilitó dejar un mundo más seguro gracias al acuerdo nuclear con Irán y un continente más distendido por la renovación de relaciones con La Habana.

Considero que Peña tomó una difícil decisión intentando tender un puente de comunicación con el candidato republicano, quien evidentemente puede llegar a despachar en la Casa Blanca. No me parece que sopesara en su decisión la hostilidad de la opinión pública nacional hacia su persona y su gobierno. Fue una decisión de política exterior. Todo hacía pensar que Trump estaba cambiando de postura en los temas de migración hacia una de mayor mesura. Su nuevo equipo de campaña sabe de sobra que las minorías, y en especial los latinos, son una especie de llave para acceder a la Casa Blanca. Lo que parece probable es que la premura con que Peña tomó la decisión lo llevó a hacer demasiadas concesiones a Trump, quien el mismo día viajó a México y Arizona.

Me pareció que la reunión estuvo bien coordinada. Ambos, Peña y Trump, se comportaron con respeto. Peña obligó a Trump a ser un adulto y a respetar su investidura. Me pareció increíble observar un Trump tan moderado, quien leía como si estuviera encadenado.

Sin embargo, unas horas después volvió a ser Trump el bully, el candidato belicoso, racista y populista que utiliza a familiares dolidos para tachar a los inmigrantes de criminales.

Al no matizar sus posiciones en Arizona, Trump perdió en su finalidad de bajar sus negativos con el voto latino y la visita no cuajó para Peña. El candidato republicano sólo moderó sus posiciones mientras estuvo en México.

El conocedor de la relación bilateral, Andrew Selee del Wilson Center, escribió a raíz de la visita: “Probablemente haya un sorpresivo ganador en todo esto: la relación entre ambos países. México dejó de ser un accesorio en el ciclo electoral de Estados Unidos y se transformó en un país real con el que hay que entenderse. Sospecho que no será algo momentáneo sino perdurable, una realidad que se asienta entre ambos países y en la que cada uno se convierte crecientemente en una realidad política para el mundo político del otro país”.

Twitter: @RafaelFdeC

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