Opinión

Los motivos de Fausto

Hace 19 días el gobernador Fausto Vallejo escribió en su cuenta de Twitter: “La información que manejan algunos medios de comunicación que solicitaré licencia es totalmente falsa”. En ese momento, Vallejo hablaba con la verdad. Su relación con el comisionado federal Alfredo Castillo había mejorado significativamente. El secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, a quien instruyó el presidente Enrique Peña Nieto ir dos veces al mes a Michoacán, nunca lo abandonó. Vallejo parecía haberle dado la vuelta a su incertidumbre en la gubernatura y alcanzado la estabilidad política para que pudiera entregar el poder el próximo año, cuando se celebraran las elecciones estatales.

Sin embargo, en las dos últimas semanas su entorno político, al que no pudo desvincular de su ámbito personal, se hundió. Las autoridades federales tuvieron acceso a un video en el cual se encuentra su hijo Rodrigo en una reunión con Servando Gómez, el jefe de Los Caballeros Templarios apodado La Tuta; y por otra parte, la hija de uno de los cuadros políticos más cercanos a él pidió una comisión para interceder en una licitación del gobierno michoacano por mil millones de pesos, la cual no sólo aceptaron entregarle –no se sabe si finalmente la recibió–, sino que se quejaron con personal cercano a Castillo.

El gobierno frágil que encabezaba Vallejo se colapsó. El fin de semana pasado, como lo había anticipado a fines de mayo, viajó a Indianápolis a realizarse el primer chequeo médico tras cumplir un año de su trasplante de riñón. No era su intención solicitar licencia en ese momento –los cargos de elección popular no renuncian–, pero las evidencias en manos del poder federal lo tenían arrinconado. Qué tanto estaba cierto que podían usarlas en su contra, no se sabe, pero dos semanas antes de partir, mostró señales de que sus condiciones habían cambiado.

De la nada, el gobernador Vallejo dio una entrevista en el programa de televisión CB Noticias, y reveló que su hijo fue levantado por Los Caballeros Templarios mientras él se encontraba en Indianápolis el año pasado. Vallejo no precisó a qué hijo se refería, pero el viernes pasado el portal de Valor por Michoacán difundió una fotografía donde se encuentra Rodrigo Vallejo y, entre otras personas, Servando Gómez, el escurridizo jefe templario conocido como La Tuta. No esperó a que la fotografía lo tomara por sorpresa.

El gobernador estalló, como estrategia de comunicación política, una crisis para inducir y manejar la crisis que se le avecinaba. En alguna medida le funcionó. De no haber dado el golpe preventivo con el secuestro de su hijo, la fotografía habría sido tomada por la opinión pública sin matices, como la demostración de que estaba vinculado con el cártel de la droga. “Mis hijos no son delincuentes”, declaró en esa misma línea Vallejo antes de partir a Estados Unidos.

Sin embargo, no era suficiente. Fuentes federales dijeron la semana pasada que además de esa fotografía, tenían un video en el cual se apreciaba a Rodrigo, apodado El Gerber, en una reunión con La Tuta. Este lunes, el secretario Osorio Chong declaró que no habría tolerancia para nadie que estuviera vinculado con la delincuencia organizada. Si está o no el hijo del gobernador relacionado con criminales, ya era secundario. La opinión pública lo había juzgado y declarado culpable, un veredicto sumario que arrasaba políticamente a su padre.

Políticos y empresarios han sido videograbados con La Tuta, y de acuerdo con funcionarios federales y algunos de quienes han aparecido en ellas, el jefe templario los forzó bajo amenazas de muerte directas o a sus familias a reunirse con él para grabarlos él mismo, hablándoles con familiaridad y tratándolos como si fueran sus cómplices. La intención, dijo una fuente federal, es comprometerlos al pago de cuotas y obligar a nombrar a sus incondicionales en las áreas de seguridad, finanzas y obras públicas, y para ello utiliza el video como una herramienta de extorsión. La forma como opera La Tuta, según la fuente, es plantar los videos en casas de seguridad para que puedan ser obtenidos por sus adversarios, como los grupos de autodefensas que se ven reflejados en Valor por Michoacán, o las autoridades. Existiría la probabilidad que así fuera con el joven Vallejo, cuya biografía salpicada por excesos en su vida privada y de negocios no lo ayuda, pero ya no importa.

En la caída emergió el caso de la comisión solicitada por la hija de un viejo camarada político, que llegó a oídos del presidente aparentemente la semana pasada. La hija, una empresaria en Morelia, había pedido 75 millones de pesos por sus gestiones. Era demasiado. Superado el problema de la seguridad, la corrupción, en la cual se vinculaba a familiares y amigos del gobernador, se había vuelto insostenible, dijeron funcionarios federales.

El poder de Vallejo, herido, terminó de pudrirse en las últimas dos semanas. Sus colaboradores prepararon su salida de la gubernatura y este miércoles lanzó dos mensajes por Twitter a las 13 horas con 12 minutos, donde decía que había sido recibido por el presidente, a quien le había informado que dejaba la gubernatura para atender su salud. Cuando mandó esas líneas, Vallejo no estaba en Los Pinos sino en Bucareli, la ventanilla política donde finalmente vio que no podía vencer.