Opinión

Los mensajes

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Ellos se perfilan para aparecer en la boleta en 2018. (Especial)

Cuando un candidato presidencial pretende convencer al electorado de que vote por él, requiere emitir un mensaje que en la forma y el fondo le resulte afín, le genere empatía y refuerce la idea de que es un personaje lo suficientemente sólido y coherente como para considerarlo apto al momento de ocupar la silla presidencial. Es por eso que por ahora los discursos y propuestas en las llamadas 'precampañas' han sido básicamente generalidades enfocadas en reforzar la liga entre la militancia partidista y el candidato.

La excepción ha sido López Obrador y Morena, quien en precampaña ha intentado fijar agenda –como lo hizo en campañas anteriores–, ahora a través de una propuesta de seguridad revestida de un gabinete del ramo sin la experiencia debida –salvo la figura de Gertz Manero, de dudosa reputación. El tema de la amnistía y la solución de la violencia en tres años reproduce el pensamiento simplista y primitivo de aquellos voluntaristas que suponen que por quererlo, es posible lograrlo en función de la honestidad y valentía del caudillo.

Los acuerdos políticos se logran con aquellos grupos de poder legales o ilegales, capaces de imponer sus decisiones sobre sus agremiados, llámese partido, guerrilla o fuerzas de combate irregulares. La amnistía con criminales no procede, no sólo por una cuestión ética, sino porque se trata de actores carentes de la fuerza suficiente como para imponer el orden en el marco de la legalidad. A menos que se pretenda ceder parte del territorio nacional al crimen organizado para que puedan seguir operando su negocio en esa zona, dejando libre el resto, hasta que sus necesidades de expansión económica les impidan mantener el acuerdo original.

Liberar a campesinos presos por traficar con droga es una buena idea, siempre y cuando se les ofrezca una alternativa de vida digna, alejada del todavía mercado ilegal de estupefacientes. Pero eso no resuelve por sí mismo el complejo problema de la inseguridad que azota al país desde hace décadas. Suponer que al centralizar en la figura presidencial todas las fuerzas de seguridad, éstas se coordinarán de manera efectiva, es de nuevo apostar por el poder omnímodo del líder iluminado poseedor de la fuerza para resolver cualquier conflicto. Es el mismo principio según el cual la corrupción de gobernadores y funcionarios va a desaparecer, por el hecho de que el primer mandatario sea un individuo honrado y respetable. Voluntarismo puro sin sustento alguno.

Tanto Anaya como Meade tendrán que aprender de este tropiezo de AMLO. Mensajes claros, propuestas concretas y viables y fácilmente entendibles para la ciudadanía, son la clave para atraer al potencial votante. Cuando el político tiene que explicar una y otra vez su argumento, o dice “que ha sido malinterpretado”, es que prácticamente ha perdido la batalla mediática y es momento de pasar la hoja e intentar otro tema. Así, para Meade poder articular una propuesta clara sobre el combate a la corrupción se vuelve prioritario, en la medida en que el peso de los gobernadores priistas acusados de malversación de recursos públicos pega en el eje de flotación del partido, independientemente de que se encuentren bajo proceso.

Lo mismo sucede con un Ricardo Anaya que está obligado a defender posiciones de su partido y de sus aliados con contradicciones que tienen que ser resueltas a partir no de voltear al pasado, sino en función de su proyecto de gobierno de coalición. Por eso criticar a Meade por el 'gasolinazo', cuando Acción Nacional aprobó la Ley de Ingresos y de Hidrocarburos; se le revierte de manera significativa. Coherencia, viabilidad y claridad en el mensaje, son ingredientes indispensables para que los candidatos sean creíbles para la ciudadanía.

Twitter: @ezshabot

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