Opinión

Los medios finalmente están aprendiendo su lección

 
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Krugman.

Sospecho que Donald Trump se está sintiendo un poco golpeado. Todo el tiempo ha tratado a los medios de noticias con desprecio, y ha sido premiado con deferencia servil; sus mentiras han sido endulzadas, descritas como 'discutidas' o como que 'fuerzan la verdad', mientras que todo aspecto de la vida de Hillary Clinton es descrito como que 'genera dudas' y 'ensombrece', pese a la falta de evidencia de que haya hecho algo malo.

Sin embargo, parece ser que los medios impresos finalmente han encontrado su voz (lo que con el tiempo podría moldear la cobertura de la televisión por cable). Con respecto a la afirmación reciente del Sr. Trump de que la campaña Clinton fue la que empezó las dudas sobre el lugar de nacimiento del presidente Obama, tanto el New York Times como The Associated Press (AP), en particular, sacaron duros artículos que presentaron la esencia de la cuestión en el primer párrafo, no en el 25.

¿Qué tienen de bueno estos artículos? El hecho de que presentan un reportaje simple y directo.

Primero, de cara a mentiras obvias, no pretenden que el candidato dijo algo menos flagrante; tampoco intentan ningún acto de equilibrismo del tipo 'difieren opiniones sobre la forma del planeta'. Simplemente señalan que lo que dijo el Sr. Trump es falso, y que su repetición de estas falsedades deja en claro que está mintiendo deliberadamente.

En segundo lugar, los artículos son notables por la ausencia de lo que llamo reportaje político de segundo orden: giran en torno a lo que el Sr. Trump dijo e hizo, no sobre especulaciones sobre su efecto entre los votantes.

Hacer estas cosas no parece muy difícil, pero hasta ahora hemos visto muy poco de esto. ¿A qué se debe el cambio?

Podría decirse que las mentiras eran tan flagrantes que hacer lo correcto se volvió inevitable. Pero anteriormente hubo muchas mentiras (por ejemplo, el Sr. Trump mintiendo sobre su postura con respecto a la guerra de Irak, sobre sus donaciones a organizaciones de caridad, y mucho más). Ya estaba el inusitado desprecio que mostró hacia la prensa al negarse a dar a conocer sus declaraciones de impuestos.

Además, a todo esto se le restó importancia y los medios dedicaron toda su energía a artículos críticos sobre los correos electrónicos de la Sra. Clinton y sobre la Fundación Clinton.

Entonces, ¿por qué llegó a su límite la prensa?

Una respuesta podría ser la tormenta de críticas sobre la cobertura electoral con, por ejemplo, la página editorial del Washington Post esencialmente reprendiendo su propio trabajo periodístico. La debacle del foro de candidatos de Matt Lauer también pudo haber ayudado a enfocar las cosas. Y el emparejamiento de las encuestas probablemente también importa, no porque los periodistas estén siendo partidistas, sino porque ahora enfrentan la enormidad de lo que podrían producir sus burlas infundadas de la Sra. Clinton y su adulación al Sr. Trump.

Ahora hay dos preguntas: ¿Va a durar esto y, de ser así, llegó a tiempo el cambio? En ambos casos, nadie lo sabe. Pero sólo imagine qué tan distinta sería esta elección si desde el principio hubiéramos tenido este tipo de reportaje simple, fundamentado en hechos, verdaderamente equilibrado (al contrario de “las dos partes lo hacen”).

Twitter: @paulkrugman

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