Opinión

Los males urbanos

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Comercio ambulante. (Cuartoscuro/Archivo)

La capital del país ha sufrido las consecuencias de políticas populistas, en varios aspectos, lo que ha propiciado un crecimiento anárquico, el agotamiento de sus recursos y la caída en el nivel de vida de los habitantes. Empezando por el cobro de impuesto predial a una tasa verdaderamente ridícula, que se ha actualizado también de manera anárquica, cargando la mano totalmente en las zonas consideradas de altos ingresos y evitando observar lo que pasa en las denominadas zonas pobres, que, por cierto, son la clientela electoral del actual partido en el poder.

Luego podemos mencionar los precios subsidiados de los servicios públicos, empezando por el agua y el transporte, siguiendo con la educación y los servicios de salud. Los cambios discrecionales en la política de uso del suelo han sido determinantes también para promover la anarquía y últimamente el querer remendar el problema del uso excesivo del automóvil y el uso a voluntad de las calles para estacionarse, imponiendo el cobro de una tarifa.

Quizá lo más alarmante sea el evitar frenar la informalidad, que en la ciudad tiene ganada la batalla. Hay mercados sobre ruedas, pestos ambulantes de preparación y venta de alimentos, venta de mercancías robadas o de contrabando, piratería y ni que decir de la plaga de limpia parabrisas y personas que insisten en ofrecer servicios no deseados en las calles, a cambio de unas monedas.

Este grupo es parte importante de la clientela electoral del partido en el poder en la ciudad, lo cual se debe tener presente para entender y analizar el problema, así como el hecho de que el sector informal es una fuente de ingresos para muchos funcionarios de nivel bajo, que lo más probable es que repartan hacia arriba, lo cual hace que nadie quiera meter la mano para poner un alto.

Ahora está muy de moda comprar casas unifamiliares en ciertas colonias, para construir edificios de varios niveles, sin suficiente espacio para estacionarse y que utilizan el mismo sistema de agua y drenaje existente desde hace más de seis décadas, ocasionando graves problemas y riesgos enormes para toda la población.

Los espacios públicos como parques y plazas han caído en el olvido, en parte por el deterioro que muestran por la falta de mantenimiento, la enorme cantidad de basura que los vecinos simple y sencillamente depositan y los problemas de las mascotas. Aún con dueños comprometidos, que recogen las heces, hay muchos que no lo hacen y siempre quedan residuos, que en épocas de secas el viento mueve por todos lados, propiciando una gran cantidad de enfermedades respiratorias. No se puede tampoco hacer a un lado el problema de la inseguridad en estos espacios, por lo que la gente simple y sencillamente prefiere ir a los centros comerciales a pasar una tarde agradable.

Mientras sigamos teniendo que cuanto funcionario pasa por los puestos en que deberían hacer algo, no lo hacen porque quieren asegurar su futuro político, seguiremos padeciendo los problemas del populismo, hasta que reviente la ciudad.

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