Opinión

Los límites de lo razonable

 
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Los límites de lo razonable.

El gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, fue terminante en su dicho ayer: el endeudamiento del sector público está llegando a los límites de lo razonable.

Como consecuencia de ese juicio, dijo que “es importante hacer ajustes para, en los próximos dos años, ir asegurando una tendencia al decremento de la relación deuda sobre PIB”.

Cuando se recuerda la aritmética, uno sabe que el valor de un “quebrado” baja en dos casos: cuando baja el valor del numerador o cuando aumenta el del denominador.

Dicho más claramente, para bajar esa relación, se puede disminuir la deuda o aumentar el PIB.

En la opinión ortodoxa, la visión es que la meta es reducir el gasto público, no tanto aumentar el valor del PIB.

Es cierto: el gasto público puede manejarse pero el monto del PIB es resultado de múltiples factores, algunos fuera del alcance.

Por esta razón, ya se hacen ‘quinielas’ respecto al monto en el que bajaría el gasto público el próximo año.

Los más conservadores le apuntan a cerca de 150 mil millones de pesos. Otros consideran que el ajuste podría ser del orden de 300 mil millones o poco más.

Le pongo dos datos sobre la mesa.

Va el primero, el gasto corriente estructural se estima para este año en un equivalente a 12 por ciento del PIB. En 2015 fue de 12.3 por ciento.

Es decir, con los recortes de este año hubo una reducción de tres décimas de punto porcentual, equivalentes a 60 mil millones de pesos.

Para el siguiente año, la reducción adicional sería del orden de 0.7 a 1.5 puntos del PIB.

El segundo es el gasto neto total. En ese caso, se estima en 27.2 por ciento del PIB, superior en 0.2 puntos del PIB al del cierre de 2015.

El gasto financiero, el pago de pensiones, las transferencias a los estados, los pagos derivados de obligaciones contractuales, los gastos de poderes diferentes al Ejecutivo, forman un gasto inercial que conduce a que aun recortando la parte 'discrecional', el gasto total siga creciendo.

Hay que admitir que el margen de corrección de los parámetros fiscales a través de reducciones al gasto público va a ser cada vez más complejo, salvo que se tome la decisión de desmontar muchos aspectos del gasto inercial.

Pero, en estos años no se ha hecho el esfuerzo suficiente para incidir en el valor del denominador y aumentarlo, es decir, diseñar una política de crecimiento de la economía.

Se pretendió que las reformas estructurales se convirtieran en el gran factótum. Y, como muchas veces se ha dicho, tal vez en algunos casos fueron una condición necesaria pero estuvieron lejos de ser condición suficiente para el crecimiento.

Los datos del Informe entregado al Congreso esta semana indican que en los primeros siete meses del año la inversión física del sector público cayó en 15.9 por ciento en términos reales respecto al mismo mes del año pasado.

Entiendo que el Banco de México no se ocupe directamente del crecimiento, por lo que su preocupación respecto a los coeficientes de endeudamiento apunten al gasto.

Pero me parece que la sociedad y el gobierno sí deben ocuparse con gran énfasis por el denominador del quebrado.

Debiera haber voces de alarma que señalaran que el bajo crecimiento que hemos arrastrado desde hace años “está llegando a los límites de lo razonable”.

Twitter: @E_Q_

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