Opinión

Los informales y el lastre para México

La revista The Economist, una de las más influyentes del mundo, habla cada vez más sobre México, como lo hacen otros importantes medios internacionales.

Eso es buena noticia, pues nos obliga poner sobre la mesa puntos de vista diferentes, que quizá sólo se desarrollan cuando se ven las cosas a distancia y desde afuera.

En el número que circula esta semana tiene un artículo que denomina: “La reforma que se escapó”, y que refiere un tema que aparece hoy olvidado: la seguridad social universal.

Los editores del semanario británico aluden al hecho de que la seguridad social universal ya no pareciera estar en la agenda de las reformas pendientes, ni tampoco parece viable.

El acuerdo para no aumentar impuestos hasta 2017, hace prácticamente imposible que existan recursos fiscales que permitan financiar ese esquema.

The Economist cita a Santiago Levy, a quien algunos recuerdan como uno de los primeros autores de una propuesta de ese tipo.

Levy planteaba sustituir los sistemas de seguridad social segmentados que hoy existen, por un sistema universal que no habría de financiarse con cuotas, sino a través de impuestos generales.

Diversos expertos –y no sólo Levy– hicieron la cuantificación de lo que habría de costar un sistema así y las cifras que se manejaron rondaban de 3 hasta 5 puntos del PIB.

Generar una reforma fiscal que diera esos recursos parecía realmente muy difícil. Hoy, ya se ve que será imposible en esta administración.

Una de las consecuencias de la ausencia de este esquema es que seguirá existiendo una gran diferencia entre los costos de las empresas pequeñas que se encuentran en la formalidad y pagan IMSS, respecto a las que no lo hacen.

Las cuotas de la seguridad social son proporcionalmente más altas conforme los salarios medios de las empresas sean más bajos. De modo que los que pagan relativamente más son los pequeños.

Pensar que un informal va a aceptar pasarse a la formalidad y aumentar sus costos fuertemente, es ilusorio.

El gobierno, probablemente sabiendo que no habrá en este sexenio un esquema de seguridad social universal, ha lanzado diversos incentivos para motivar la formalidad.

Incluso hay una campaña en medios electrónicos promoviéndolo.

Ojalá que tengan un impacto real. Yo soy escéptico, porque todavía hay muchas ventajas económicas inmediatas de ser informal y, además, la autoridad tiene pocos instrumentos para obligar el paso a la formalidad.

El problema, señalado por The Economist, es que un lastre de la productividad en nuestro país es precisamente la informalidad y si no se logra un cambio realmente sustancial, pese a que otras empresas mejoren su productividad con las otras reformas, seguiremos cargando el lastre de muchos millones de personas ocupadas en empresas que no van a invertir.

Todavía es tiempo en esta administración para afrontar en serio a la informalidad. Creo que no bastan los estímulos, aunque desde luego debe haberlos, sino hacer la vida más fácil a los formales y crear condiciones más difíciles para los informales.

Por eso soy escéptico.

Twitter: @E_Q_