Opinión

Los hombres de polvo
de Ruben Östlund

 
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the square

El título de The Square, la más reciente película de Ruben Östlund, director de la magistral Force Majeure, deriva de una obra de arte contemporáneo, cuyas características jamás se explican con claridad, en la que un cuadrado en el suelo sirve como un espacio de “confianza y caridad, en el que todos tenemos los mismos derechos y obligaciones”. El cuadrado pretende ser una obra incluyente: un lugar donde se desdibujen las brechas de clase y las fronteras socioeconómicas y raciales. El título, sin embargo, adquiere matices irónicos cuando vemos el universo en el que la película se desarrolla: con un ahínco obsesivo, The Square aborda la exclusión social y las líneas que separan al privilegio de la precariedad, a la civilización de la barbarie.

Para Östlund, el hipotético cuadrado de la obra permanece y permanecerá vacío. En su Suecia no hay muestras de confianza o caridad, y si algo distingue a su gente es que no todos gozan de los mismos derechos y obligaciones. Los ricos son indolentes y los pobres marginados. Nadie ayuda ni salva a nadie. Antes, en Force Majeure, Östlund había retratado con agudeza los vicios y las flaquezas del hombre contemporáneo. En aquella obra maestra, Tomas (Johannes Bah Kuhnke) se revelaba como un cobarde frente a su familia cuando, durante unas vacaciones en los Alpes, caía una avalancha y, en vez de proteger a sus seres queridos, él corría despavorido a salvar su propio pellejo. En The Square son varios los derrumbes que tumban a Christian (Claes Bang), el curador del museo donde se exhibirá el cuadrado. Elegante y sobrio, Christian es un hombre de trato suave y buenos modales. Su círculo tanto social como laboral es tan aséptico y calculado que hasta las expresiones de espontaneidad están previamente ensayadas. Una y otra vez Östlund nos muestra exabruptos de personajes secundarios –exabruptos que son apenas tolerados o reprimidos–, pero nunca de Christian, un dandi que no se despeina ni en la cama. Esta pátina de civilidad, sin embargo, se desvanece cuando es víctima de un atraco en el que pierde su celular y su cartera. Tras llevar a cabo una venganza irracional e impulsiva, la contención de Christian poco a poco se transforma en descuido y rabia. La segunda vez que lo vemos, el personaje está enmarcado por una frase, colgada en el museo. “No eres nada”, deletrean unas luces neón en la pared (más adelante veremos que iluminan una instalación que consiste en varios montoncitos de polvo). Östlund nunca nos dice si la frase que presenta a Christian es una premonición o una sentencia. Quizás sean ambas. Polvo eres y en polvo te convertirás.

El rigor con el que Östlund y su fotógrafo Fredrik Wenzel retratan los interiores de The Square da como resultado una atmósfera de espacios herméticos similares a los de un museo. El cuadrado, la figura geométrica, se repite como telón de fondo, dando la impresión de que las escenas son variaciones o rimas de lo que vino antes. Sin ser abiertamente una crítica al arte contemporáneo –Östlund incluso elogia su carácter lúdico en una secuencia en la que Christian lleva a sus hijas al museo–, The Square utiliza algunas obras para dar acentos chuscos a ciertos pasajes, como cuando el sonido de una elaborada instalación interrumpe una tensa charla entre Christian y Anne (Elisabeth Moss), una periodista. La presencia desperdigada de estas instalaciones también sirve para insinuar que algunos momentos pueden ser o no parte de una elaborada treta artística, trazando una frontera más dentro de la película: lo real, lo ficticio y lo que colinda entre uno y otro. Ahí, donde el arte y la vida real convergen, se desarrolla una secuencia inolvidable, durante una cena de gala en la que irrumpe el performance de un artista que está loco o demasiado comprometido con su arte. El núcleo de The Square está en ese trecho, donde una presencia bárbara convierte en salvaje hasta al hombre de sociedad mejor portado.

Si bien eché de menos la concreción de Force Majeure, una película compacta, con una inquietud muy clara, The Square es una prueba más de que en Östlund contamos con un crítico social de una ferocidad admirable.

Twitter: @dkrauze156

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