Opinión

Los hidrocarburos. Retos para México y Latinoamérica

En mi artículo pasado me referí al excelente informe reciente de CEPAL sobre los Recursos Naturales de América Latina y, en especial a los mineros. Hoy me ocupo de los dilemas que presentan los hidrocarburos, la “papa caliente” en el México de hoy, que espera una nueva política de estado.

En la región hay una gran variedad de formas de organización del sector de petróleo y gas natural. En la década de los 90 Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Trinidad-Tobago y Venezuela promovieron la participación privada en exploración y producción, así como reformas al régimen de transporte, refinación y distribución.

Al mismo tiempo, se avanzó hacia un mayor control estatal de los hidrocarburos, incluidos los precios, la renegociación contractual, la nacionalización de activos y el fortalecimiento del rol de la empresa estatal en el sector, buscando mayor productividad y beneficio para sus respectivos países.

¿Hacia dónde va México? ¿Cuáles serán en el largo plazo los beneficios para la sociedad de las reformas constitucionales realizadas y de las leyes secundarias en gestación? Convendría que nuestros legisladores y administradores de políticas públicas le echaran un vistazo al Informe de CEPAL.

En general, nos dice el informe, “los países con una tradición exportadora o una prospectiva geológica favorable en escenarios de precios altos han tendido hacia un mayor control estatal. Por el contrario, los países importadores con necesidades de desarrollar su industria y atraer inversión se han inclinado por la liberalización del sector”.

En la práctica, en un marco de constante volatilidad de precios, tanto los países como las empresas que poseen la tecnología y el capital, lejos de actuar unilateralmente, tratan de armonizar intereses. “Los gobiernos buscan conciliar distintos objetivos, que van desde maximizar su apropiación de la renta petrolera hasta atraer inversiones para desarrollar el sector, pasando por lograr el abastecimiento del mercado interno y una producción eficiente de hidrocarburos”.

En última instancia, sin embargo, como se desprende del informe, habría que aspirar a obtener el máximo beneficio económico y social a partir del aprovechamiento del recurso escaso a lo largo de toda su cadena de valor, incluyendo el mayor valor agregado hacia atrás y hacia adelante; es decir, desarrollando proveedores locales de bienes y servicios y procesando industrialmente en el país cuando sea conveniente.

En los últimos años ha crecido la producción regional y mundial de hidrocarburos. Sin embargo, nos recuerda el estudio, Latinoamérica ha perdido protagonismo en la producción de petróleo frente a Canadá, Estados Unidos, Europa Oriental (Rusia), Asia Central y África. Esa pérdida de importancia no se ha dado en la producción de gas natural.

A partir de 2003 el consumo mundial y los precios del petróleo aumentaron sobre todo por la explosiva demanda de China e India. Ello propició una mayor exploración y producción en Latinoamérica. Pero un crecimiento medio del consumo en la región, del 3 por ciento -apoyado por altos subsidios en algunos países-, superó a los crecimientos de la producción. Ello, advierte CEPAL, puede ocasionar a futuro un problema de seguridad energética, menores exportaciones, déficits fiscales, mayores deudas externa y menores reservas internacionales netas.

Por otra parte, se observa un aumento en los costos de producción, operación y mantenimiento, que desde 2004 no fue compensado por los precios de los hidrocarburos; en contraste con los productos mineros, en que los precios superaron con creces los costos de explotación y procesamiento.

En los últimos años la revolución del “shale gas” se ha traducido en precios en Estados Unidos de una tercera parte de los de Europa, Asia y Latinoamérica. “El arbitraje mundial podría propiciar a futuro la unidad de precios…en la medida que el comercio mundial aumente y las limitantes en torno al transporte disminuyan”.

En este contexto el informe recomienda:

1)Impulsar una mayor inversión pública y privada de calidad en exploración y producción. 2)Crear condiciones regulatorias ,tecnológicas y de inversión para fomentar recursos no convencionales. 3) Diversificar las fuentes de ingreso fiscal, reduciendo la dependencia de los hidrocarburos.4)Fortalecer la fiscalización y el control tributario de las empresas públicas y privadas, buscando la debida retribución a la sociedad con miras de largo plazo a través de regalías escalonadas e impuestos ligados a precios y utilidades extraordinarias. 5) Garantizar el desarrollo sustentable del recurso en términos económicos, sociales y ambientales, sobre todo en fuentes no convencionales en las que los riesgos son mayores.

En México evitemos los “pendulazos, tan nocivos en el pasado. De la sobre regulación pasemos a una efectiva y moderna regulación, que asegure el interés nacional y el beneficio social. No a una absurda desregulación -como la de la banca y los ferrocarriles- como la quieren unos cuantos.

*Director del IIDSES-IBERO y ex-DG de la ONUDI.