Opinión

Los fraudes bancarios

Luego de la crisis bancaria de la última década del siglo pasado, las tasas de interés activas, las que cobran los bancos por sus créditos que otorgan, son relativamente elevadas, sobre todo si se las compara con las que paga el gobierno por los recursos que pide prestados. Las explicaciones que normalmente ofrecen los bancos y autoridades financieras incluyen el diferencial de riesgo de los diferentes usuarios, encontrando que el gobierno tiene cero riesgo de no pago, mientras que a cualquier otro usuario hijo de vecino, normalmente le es asignado un riesgo mucho mayor, y si tiene antecedentes en el buró de crédito lo más seguro es que salga de su sucursal bancaria decepcionado y sin el financiamiento que solicita. También las empresas son investigadas y este es otro de los orígenes de las altas tasas de interés activas, que el costo de averiguar los antecedentes y capacidad presente y futura de pago de una empresa es algo costoso y tardado. Adicionalmente las decisiones no se toman en los lugares en donde se hacen las solicitudes, sino que la gran mayoría y entre ellas las grandes operaciones, son analizadas por verdaderos sabuesos expertos, desconfiados de todos y muy meticulosos. Entonces, la pregunta obligada es cómo hicieron las empresas que este año fueron reportadas por operaciones fraudulentas contra un banco.

Para concretar un fraude se requiere conjuntar varios elementos, siendo uno de ellos la capacidad para mentir y para generar información falsa, estados financieros alterados y proyecciones financieras amañadas, todo lo cual no garantiza que se concrete, ya que es el papel de los meticulosos evaluadores de crédito el otorgar su aprobación definitiva a las diferentes operaciones. Aun suponiendo que se logró conjuntar la mentira con información falsa, proyecciones amañadas y demás, los bancos cuentan con detectores que constituyen alertas tempranas sobre el desempeño de sus acreditados y la manera como están cumpliendo sus compromisos contraídos. Todo esto sin considerar el trabajo de ciertas agencias, como las calificadoras y otras que realizan actividades similares a menor escala, quienes avalan las labores de quienes investigan si ciertas operaciones proceden. Por todo esto es inexplicable que en uno de los mayores bancos que opera en el país, filial de una mega institución financiera mundial, haya sucedido algo así como un fraude en contra de la institución, a menos que recurramos a una de las prácticas comunes y corrientes en nuestra sufrida economía, que es el recurso de la corrupción.

Antes de la mencionada crisis bancaria, una de las prácticas más comunes de los funcionarios de la mayoría de las instituciones era la de pedir una participación al acreditado potencial, en el crédito que estaba a punto de otorgársele, sin que hubiera obligación de parte del solicitante de expedir ningún recibo, o firmar algún documento que lo hiciera acreditado solidario. No tenemos evidencia de que esta práctica haya cambiado o haya sido erradicada, y dado que casi todo se analiza y aprueba en oficinas centrales, o en el corporativo, uno estaría tentado a pensar que es algo ya extinto, aunque la noticia dada a conocer acerca de las dos operaciones nos dejan muchas dudas y mucho en qué pensar a las autoridades de la institución y a las autoridades financieras y hacendarias del país.

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