Opinión

Los experimentos
del ingreso básico

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comedores

Hablar del ingreso básico no es hablar del salario mínimo. No es el mismo concepto y no podemos esperar los mismos resultados. El ingreso básico, en su acepción más amplia, consiste en dar a toda la población una transferencia en efectivo e igual para todos: un beneficio universal.

La idea tiene sus raíces hace siglos. Thomas More, consejero del rey Enrique VIII de Inglaterra, lo sugiere en su obra Utopia, en 1516, como un remedio para evitar que la gente robe para comer. Thomas Paine, uno de los fundadores de los Estados Unidos, propone, en 1776, que se les dé a los jóvenes, una sola vez al cumplir 21 años, 15 libras esterlinas, aproximadamente dos mil dólares de hoy, para que “empiecen su camino en la vida”. Propone la creación de un fondo nacional con este fin y dárselo a todos los jóvenes para evitar “desviaciones envidiosas”. Para Paine, era un derecho y no una obra de caridad, que todos obtuvieran su parte de los recursos naturales o de la propiedad común de la humanidad.

Hay experimentos sobre el ingreso básico con resultados interesantes. Utrecht, la cuarta ciudad de los Países Bajos, pero pequeña a la vez
–apenas 330 mil habitantes– empezará el suyo a principios de 2016. Lo está planteando así, como un experimento. La población objetivo serán 300 personas que actualmente reciben ayudas sociales. Habrá varios grupos, entre ellos uno que recibirá una ayuda de entre mil y mil 350 dólares al mes, sin ningún tipo de control, ni regulación, ni condiciones. Seguirán recibiendo la transferencia, aunque consigan un trabajo. Otros grupos estarán sujetos a diferentes condiciones. El objetivo es analizar el impacto que tiene el ingreso básico sobre la búsqueda de empleo y el uso de los recursos.

Tal vez el experimento más famoso sea el de Dauphin, Canadá, entre 1974 y 1979. Una tercera parte de la población de Dauphin recibió ingresos fijos mensuales durante los cinco años del programa. Las horas trabajadas disminuyeron, pero no tanto como esperaban los detractores, y fue principalmente entre jóvenes que dedicaron más tiempo a estudiar y entre madres con hijos pequeños. El programa terminó abruptamente en 1979, sin ningún estudio serio que reportara sus resultados.

En pequeñas ciudades de India y Namibia los resultados han sido similares: mejoras en salud, en escolaridad y en actividad económica.

Los suizos votarán el año que entra una iniciativa que consiste en recibir dos mil 700 dólares al mes, sin condiciones. El gobierno se opone, pero el referéndum se llevará a cabo. Alaska tiene un esquema interesante: se creó un fondo con los recursos que se obtienen del petróleo, y los rendimientos que se obtienen se reparten entre la población. Este proyecto tiene más sentido, se eliminan distorsiones de ciertos programas de bienestar y no genera presiones impositivas.

Surge entonces la duda de por qué no se implementa a gran escala. ¿Por qué no se sustituyen todos los programas de ayudas sociales por este ingreso básico? De algún lado tienen que salir los recursos. El proyecto suizo sería carísimo, aproximadamente una tercera parte de su PIB. Los impuestos tendrían que aumentar en consecuencia.

Probablemente se han obtenido buenos resultados porque las transferencias han sido moderadas y las muestras pequeñas. El experimento de Utrecht tendrá únicamente 50 personas que recibirán el ingreso sin ningún condicionamiento.

Con los datos recientes de pobreza en México, vale la pena preguntarse qué pasaría si se implementaran esquemas similares aquí. Eliminar Prospera, Comedores Comunitarios, Cruzada contra el Hambre y los otros cientos de programas y, en su lugar, dar un ingreso básico. Determinar la población objetivo, dar una transferencia igual para todos y eliminar los costos de monitoreo.

No me atrevería a pronosticar un resultado, pero lamentablemente sí me atrevo a pensar que el gran obstáculo para pensar siquiera en un esquema de este tipo, aparte del tamaño de la población, sería la corrupción. La corrupción, uno de los grandes impedimentos que tiene el país para avanzar y que aparentemente no estamos dispuestos a combatir.

Twitter: @ValeriaMoy

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