Opinión

Los enemigos del presidente

  
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Aristegui

La campaña había quedado atrás. Habían ganado, no por dos dígitos, como habían incluso apostado algunos de los artífices de la estrategia, pero habían ganado y el fantasma de un nuevo conflicto poselectoral no se había materializado. Enrique Peña Nieto sería presidente de México a partir del 1 de diciembre de 2012. Todo parecía halagüeño. Sin embargo, Luis Videgaray quiso saber si la ruta estaba despejada, si no estaba subestimando algún tema, algún riesgo.

Encargó para ello a viejos amigos y aliados un diagnóstico de riesgos.
El material que unas semanas después le entregaron al hoy secretario de Hacienda fue escueto. Pero revelador: “Sus amigos”.

El riesgo inadvertido para el futuro presidente Peña Nieto eran sus amigos. Cuatro años después, esos amigos, los oficiales y los oficiosos, dan al mandatario los mayores dolores de cabeza.

Hoy, uno de sus amigos, al frente de Capufe, se hace bolas al tratar de explicar la torpe maniobra que esconde el contrato de más de tres mil millones de pesos para un sistema de telepeaje, dado en 2014 a... Roberto Alcántara, transportista mexiquense cercano al presidente. Otro caso para la sospecha. Otra sombra de favoritismo. Otra hoja al álbum de las historias que este gobierno es incapaz de explicar de manera elemental y convincente.

Otro de sus amigos, ya se sabe, consiguió terreno y construyó una casa a gusto del mandatario y su esposa. La residencia fue presumida en revistas. Un reportero pescó el dato, lo siguió, documentó los indicios que apuntaban a un conflicto de interés (contratista pone casa a político que le favoreció con obra en el Edomex y en la federación). El reportero llevó en 2014 sus primeros hallazgos al equipo de Aristegui, ésta respaldó la indagatoria y el resto era historia hasta que esta semana se dieron dos eventos que terminaron por colisionar.

El presidente pidió esta semana perdón por su actuar en el tema de la 'casa blanca', esa, la que le hizo su amigo a su esposa y a él.

Quien desde el gobierno haya creído que a pesar del veredicto en las redes sociales –sondeos en internet desestimaron cuatro a uno la sinceridad de la disculpa presidencial– el tema se enfilaba a ser capítulo superado, no contaba con los amigos de la empresa MVS, personajes que no quisieron ver que su inquina contra Carmen Aristegui llevará a la hoguera no a la periodista, sino al presidente.

Joaquín Vargas de MVS ha emprendido acciones legales –se supo ayer– para que la editorial Random House mutile el libro La casa blanca de Peña Nieto. Los radiodifusores que alguna vez contrataron los servicios de Aristegui hoy quieren que la periodista no publique nunca más nada que ligue a los Vargas con el escándalo de la 'casa blanca'.

En lo que Aristegui ha llamado un esquema de acoso judicial en su contra, MVS ha demandado a la editorial que retire de la circulación los libros existentes de La 'casa blanca' (que contienen un prólogo de 30 páginas con la firma de Aristegui); han pedido también que destruya esos volúmenes.

Lo poquísimo que le quedaba de vida al perdón de Peña se lo cargaron radiodifusores 'queda bien'. Qué amigos estos.

El presidente debe hacer memoria y recordar quién fue el amigo de su gabinete que le recomendó que su gobierno calificara el problema entre una concesionaria de un bien público y una destacada periodista como un 'asunto entre particulares'. Ya vimos cómo sus efectos no han sido nada particulares.

Esos amigos, en efecto, se han convertido en un peligro para el presidente. En sus enemigos.

Twitter: @SalCamarena

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