Opinión

Los ecos de Atenco

    
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Enrique Peña Nieto

“Una madre es la base de la sociedad. ¿Qué le puede ofrecer de beber de su pecho a sus hijos cuando hay impunidad? Sólo miedo. Una sociedad que bebe miedo no puede crecer”: Suhelen Cuevas.

“El reconocimiento de responsabilidad tiene que ser completo. Una verdad a medias no es verdad”: Norma Aidé Jiménez.

“Para mí es importante transformar el horror que vivimos en capacidad de afrontamiento. Por eso queremos seguir acompañando a las mujeres que sobreviven a la tortura sexual”: Bárbara Italia Méndez.

“Queremos medidas de no repetición y el reconocimiento a las víctimas, pues las violaciones a los derechos humanos no sólo lastiman a las personas sino a toda la sociedad”: Claudia Hernández.

“Cada día que veo que hacen un operativo policiaco recuerdo el impacto que tuvo sobre mí… lo revivo porque sé lo que es estar en esa situación”: Patricia Torres.

El 3 de mayo de 2006, cuando Enrique Peña Nieto no tenía ni siquiera un año como gobernador del Edomex, ordenó el uso de la fuerza pública para disolver una manifestación en San Salvador Atenco de los opositores a la construcción del aeropuerto. De las 50 mujeres detenidas arbitrariamente, al menos 31 denunciaron haber sido torturadas, golpeadas y violadas por policías estatales.

Las citas con las que inicié esta columna son los testimonios de cinco de las 11 mujeres que, frente a la impunidad que encontraron en su país, acudieron ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos para que se reconozca la grave violación que sufrieron a sus derechos… para que se reconozca que el Estado fue el agresor.

Las mujeres de Atenco, como se hicieron llamar, acudieron ante la Corte IDH en Costa Rica la semana pasada. Dieron su testimonio en un juicio en el que quien está en el banquillo de los acusados es el Estado mexicano. ¿Por qué esto es emblemático?

A pesar de que desde 2004 la Corte ha emitido 10 sentencias contra México por violaciones a derechos humanos (ocho de ellas en el gobierno calderonista), el caso Atenco es icónico pues ha sido tomado como referencia para enjuiciar casos de tortura sexual en todos los países que han suscrito los convenios internacionales que reconocen a los derechos humanos como irrenunciables.

La Corte IDH lleva seis años con el caso. El Centro Pro de Derechos Humanos, que ha acompañado el litigio y defensa del caso Atenco desde el primer momento, lo llevó ante la Corte desde 2011 ante la inacción de un gobierno mexiquense que llamó a estas víctimas mentirosas, que sólo enjuició a una veintena de policías por delitos menores y que ha insistido en revictimizarlas una y otra vez.

Llegar a que estas luchadoras sociales pudieran rendir su testimonio implica que en seis años de litigio se ha comprobado la responsabilidad del Estado mexicano.

En cuatro meses habrá un fallo y de encontrar culpable a México, la Corte IDH podría ordenar implementar medidas estructurales para mejorar la investigación de violaciones a derechos humanos, que se garantice la independencia de los especialistas que documentan casos de tortura, y que fortalezcan los controles sobre los cuerpos policiales que aseguren independencia e imparcialidad antes, durante y después de los operativos para prevenir y sancionar los abusos y los excesos en el uso de la fuerza.

Juzgar la actuación de Peña Nieto como gobernador siendo ahora presidente es el cierre de un gobierno enmarcado precisamente por violar una y otra vez los derechos humanos. Ojalá fuera una lección de no repetición, ojalá sirvan los ecos de Atenco. Nunca más 11 mujeres pidiendo justicia por un gobierno que las volvió víctimas.

Twitter: @jrisco

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