Opinión

Los desafortunados desempleados

Matt O’Brien, reportero de The Washington Post, escribió recientemente un interesante aunque deprimente artículo sobre el desempleo de largo plazo en Estados Unidos, estableciendo el punto de que básicamente es una cuestión de mala suerte: si alguien es despedido en tiempos económicos malos, tendrá dificultades para encontrar trabajo, y entre más tiempo permanezca desempleado, más difícil le será encontrar empleo.

Obviamente, coincido con este análisis, y agregaría que los resultados del Sr. O’Brien más o menos refutan decisivamente la historia alternativa, que es que los desempleados de largo plazo (la gente que no ha tenido trabajo en los últimos seis meses o más) son trabajadores con un problema.

Puede ver cómo sigue esta historia. Suponga que los trabajadores tienen cierta cualidad que no aparece en métricas oficiales de habilidades pero que los patrones potenciales puedan intuir. Entonces, los trabajadores que no tengan esta inefable calidad tenderían a perder su empleo y tendrían problemas para encontrar nuevos; la dificultad que tienen los desempleados de largo plazo para buscar empleo reflejaría su inadecuación personal.

Si lee entre líneas muchos de los comentarios sobre los desempleados (especialmente de los que están ansiosos por recortar los beneficios) notará que algo como esto es la teoría subyacente implícita.

Pero esta es la cosa: la asociación entre calidad del trabajador y desempleo debería ser más fuerte en una economía buena que en una mala. En 2000, con escasez laboral, los muchos que fueron despedidos probablemente tenían algo malo; en 2009, simplemente fue una cuestión de estar en el lugar equivocado. Por tanto, si el desempleo tuvo que ver con características personales, estar desempleado debió haber tenido menos importancia que antes para la búsqueda de trabajo luego de la Gran Recesión. Lo que la gente está experimentando, por supuesto, es lo contrario.

En otras palabras, no es nada personal; es la economía, estúpido. Y tal como lo señaló el Sr. O’Brien, es otro motivo más por el que no proveer más estímulo es un crimen contra los trabajadores estadounidenses.