Opinión

Los decepcionados
con Francisco

1
   

    

Papa Francisco. (ilustración)

Francisco ha evitado con éxito ser utilizado políticamente en su gira por México.

La visita del Papa ha defraudado a los que apostaron a que vendría en un viaje de promoción política para “derribar el muro mexicano”, como hizo Juan Pablo II con la Cortina de Hierro comunista en 1989.

En México hay problemas, pero no existe tal muro. Este es un país libre donde cada quien dice lo que piensa y no va a la cárcel por ello. No es poca cosa.

En Ecatepec los defraudó profundamente, porque no atacó al gobierno estatal ni al federal, ni pidió un cambio de sistema con giro al socialismo, ni tampoco gritó ¡fue el Estado!

Ahí, en el municipio más populoso de México, puso en su lugar “al padre de la mentira, que busca separarnos, generando una sociedad dividida y enfrentada”, que es lo que ha hecho por más de una década un mesías (con minúscula) que se arroga el derecho a dividirnos entre mexicanos buenos –que están con él– y mexicanos malos –que no
están con él.

Francisco ha dicho en México lo que él ha querido, no lo que algunos hubieran querido que dijera. Por eso la decepción.

El Papa, personalmente, hizo la agenda con los lugares que quería visitar y los temas que iba a tratar.

Hoy estará en Ciudad Juárez donde va a visitar una cárcel y se entrevistará con presos. Aquí lo puede hacer. En sus visitas a Cuba no lo hizo. ¿No lo dejaron? ¿Fue acordado con los jerarcas del Partido Comunista Cubano? O no quiso y punto.

El mayor regaño de Francisco se lo ha llevado la jerarquía de la Iglesia católica, a la que advirtió de la corrupción derivada de la inclinación al “materialismo trivial” (que –opinión mía– los lleva a primera fila de barreras de sombra en las corridas de toros, a viajar en el avión de connotados empresarios y celebrar sus cumpleaños con pachangones globales).

Ha reiterado su crítica a la pobreza, a la exclusión, al narcotráfico y a la corrupción –que son problemas que padece México–. La inmensa mayoría de los ciudadanos, creyentes, agnósticos o ateos, está de acuerdo con el Papa en esos puntos.

Decepcionó cuando dijo en Chiapas que la marginación se ataca con buenas leyes (en educación, por ejemplo) y compromiso personal.
Hubieran querido oír que se combate con la “movilización del pueblo bueno” o con las armas en la sierra, como Camilo Torres, a la manera de la Teología de la Liberación.

La visita a la tumba de Samuel Ruiz fue un gesto simbólico casi inevitable (está en la Catedral de San Cristóbal), que no ameritó comentario alguno de su parte.

El Papa no condenó la lucha contra el narcotráfico. Al contrario, llamó a todos a combatir a ese “demonio” con el que no se puede negociar. Decepcionante para algunos, ¿verdad?

Francisco le ha dedicado tiempo a lo suyo: a predicar sobre la unidad de la familia, la necesidad de amor y no resignarse ante la violencia y el narcotráfico.

Esperaban un Papa que llegara a pavimentar el camino para un cambio político específico, el que propone un adelantado candidato presidencial. Y no. Los decepcionó.

Twitter: @PabloHiriart

También te puede interesar:
'El Bronco' y los 49 muertos
El padre de la mentira
El cambio ante Venezuela