Opinión

Los cristianos al filo de la navaja en Medio Oriente

El rápido crecimiento demográfico de la población musulmana radical en los países árabes acentúa la violencia que los grupos fundamentalistas ejercen contra las minorías étnicas y religiosas, e incluso, contra los musulmanes moderados que en ellos viven. Las persecuciones de los fanáticos musulmanes se experimentan con mayor fuerza en Medio Oriente y el norte de África, particularmente contra los cristianos. Medio Oriente está enmarcado desde el punto de vista geográfico en el continente Euroasiático, la mayor extensión está en Asia, abarca la totalidad de la Península Arábiga, Irán y catorce naciones con una población total de casi 500 millones. Debido a las vejaciones y asesinatos que han experimentado los cristianos por parte de los fundamentalistas islámicos, Medio Oriente “se está vaciando” de cristianos, quienes al principio del siglo XX representaban 26.0 por ciento de la población regional, comparado con 10.0 por ciento en el presente. Los cristianos han vivido en Medio Oriente por más de 20 siglos.

En este contexto, la situación de los cristianos en Siria se ha deteriorado sensiblemente a raíz de la guerra civil que se libra en ese país desde hace cuatro años y que ha ocasionado 170 mil muertos y el desplazamiento de una tercera parte de sus 20 millones de habitantes; Siria vive una crisis humanitaria, la mitad de la población requiere de ayuda, se precisan más de 5 mil millones de dólares para atenuar las graves carencias de sus habitantes.

En este marco, el arzobispo metropolitano de la Iglesia Apostólica Ortodoxa de Antioquia denunció que los cristianos en Siria son asesinados como animales, al mismo tiempo que la comunidad internacional “se ha tapado los oídos y no quiere escuchar”. Se ha realizado el secuestro de dos obispos y varios sacerdotes. En Alepo y en Damasco los cristianos que se han negado a convertirse al Islam han sido secuestrados y decapitados por combatientes islámicos radicales, muchos de ellos vienen de Arabia Saudita, Chechenia, Turquía y de otros países, incluso de Europa. En la ciudad norteña de Raqqa los cristianos tienen que pagar la Jizya (impuesto) por vivir en tierras musulmanas. Treinta mil iglesias han sido incendiadas o saqueadas en Siria y Egipto en sólo dos años.

El futuro de los cristianos en Siria es incierto con la reelección de Bashar al-Assad para un tercer periodo presidencial de siete años. Tras una farsa electoral en la que supuestamente obtuvo 87.7 por ciento de los votos, Bashar al-Assad da continuidad al brutal régimen dictatorial aluita que iniciará su padre Hafez al-Assad que lo mantuvo en el poder durante 30 años hasta su muerte en el año 2000.

El cinismo criminal de Bashar al-Assad no tiene límites. En el discurso del 16 de julio pasado en el que renovó su presidencia, desafió al mundo advirtiendo a los Estados árabes y a Occidente “que apoyan al terrorismo que pagarán un precio alto por ello”; aunque no precisó a que Estados se refería, en ocasiones anteriores había acusado a Qatar, Arabia Saudita y Turquía entre otros. Así, mientras la ceremonia era transmitida en directo, el Ejército sirio continuaba derramando la sangre de sus conciudadanos en todo el territorio. La huida de los cristianos sirios se ha acrecentado; en 1920 constituían 30.0 por ciento del total de la población frente a un estimado de 10.0 por ciento hoy día.

En Irak también el entorno ha empeorado por el fortalecimiento del Ejército de Irak y el Levante, que a final de junio cambió su nombre a Estado Islámico (EI); los extremistas suníes que integran el EI declararon a los territorios bajo su control entre la provincia Iraquí de Dilaya y Alepo, en Siria, como un califato y proclamaron a su jefe, Abubakr el Bagdali, califa de la nueva entidad y “líder para los musulmanes en todos lados”; este grupo integrista que se asume como un Estado legítimo, pidió a otros grupos suníes y a Al Qaeda, darle su respaldo “para una nueva era de la Yihad (Guerra Santa) internacional”. Esta sería la primera vez, desde la caída del Imperio Otomano en 1923, que un califa (sucesor político del profeta Mahoma) ha sido declarado como tal. Los mercenarios del EI son verdaderamente sanguinarios; al final de junio pasado ejecutaron y crucificaron en público a nueve hombres, ocho de ellos rebeldes de un bando contrario que lucha contra el régimen de Bashar al-Assad. La crucifixión se llevó a cabo en la plaza principal de Deir Hafer, en la provincia de Alepo, donde sus cuerpos permanecieron expuestos por tres días “para servir de advertencia”, porque militaban en grupos rivales.

En Irak, con una población de más de 35 millones de personas, las persecuciones a cristianos han sido una constante, de 1.5 millones que habitaban en ese país hace una década ahora suman 400 mil, muchos de ellos fueron expulsados a Siria y Turquía, entre otros países. Es frecuente que los crímenes contra cristianos en el mundo árabe sean incitados por los gobiernos y los líderes religiosos.