Opinión

Los costos del dinero barato

Estamos en una etapa muy compleja. Pocas veces en la historia, el dinero había estado tan barato por tanto tiempo como en los últimos años. Desde luego no para todos pero sí para los gobiernos y para las grandes empresas.

Y sin embargo, el crecimiento no llega, o al menos no llega con la suficiente fuerza.

Van algunas cifras para ubicar este cuadro.

De acuerdo con los datos del Banco de México, a septiembre de este año el costo promedio ponderado de la captación bancaria (CPP) fue de 2.28 por ciento. Este es el nivel más bajo que se ha reportado, por lo menos desde que se calcula este indicador. Con una inflación ligeramente por arriba de 4.0 por ciento en septiembre, resulta que a los bancos –en términos reales- no les cuesta el dinero que captan e incluso obtienen un rendimiento real de 1.6 por ciento.

O si lo quiere ver de otra manera, a la gente le cuesta 1.6 por ciento al año darle su dinero al sistema bancario.

Sólo como referencia, antes de que la crisis estallara en septiembre de 2007, este indicador se ubicaba en 5.14 por ciento con una inflación de 3.74 por ciento, lo que implicaba una tasa real de 1.3 por ciento.

Como ve, hay diferencia.

Pero no sólo es en México.

En Estados Unidos, los bonos del Tesoro a un año se negociaron en septiembre en promedio en 0.10 por ciento, de acuerdo con datos de la Reserva Federal. En el mismo mes de 2007, esa tasa se ubicaba en 4.47 por ciento.

También para las grandes empresas el mercado es inusitado. En Estados Unidos, hace siete años, las empresas debían pagar 5.24 por ciento por el papel comercial que colocaban. Ahora la tasa es de 0.04 por ciento.

En México, los Certificados Bursátiles a corto plazo pagaron 3.46 por ciento al término de septiembre, cuando siete años atrás pagaban 8.66 por ciento.

¿De qué manera se puede afectar el funcionamiento de la economía cuando las tasas están tan bajas por un tiempo prolongado?

Nos podemos enfrentar a una asignación poco eficiente de los recursos.

Al haber dinero tan barato para gobiernos y grandes empresas, la disciplina de evaluar la rentabilidad esperada de los proyectos se relaja. Y además, calificarán como viables algunos proyectos que en tiempos de mayor normalidad no lo hubieran hecho.

Esto podría reducir la capacidad de crecimiento de las economías en el largo plazo.

Quizás un contrapeso a este riesgo es que con mercados tan contraídos como los que todavía existen, pese al dinero barato, hay muchos proyectos de inversión que no son viables simplemente porque no hay quien compre los bienes y servicios que se ofrecen.

No se trata de tener tasas demasiado elevadas, pero sería mucho más sano para la economía en su conjunto mantenerlas no tan bajas.

La enorme reasignación de recursos hacia los gobiernos y también a las grandes empresas, que son los que tienen acceso a este financiamiento tan barato, es algo que a la larga nos puede costar a todos.

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