Opinión

Los costos de las
detenciones 'patito'

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[Cuartoscuro] Aceptan ofrecimiento de diálogo de las autoridades de la UNAM. 

Hace unas semanas fue noticia la detención de un individuo que presuntamente estaba ligado tanto al comercio de drogas como a la ocupación ilegal e indebida del auditorio Justo Sierra en Ciudad Universitaria.

A las pocas horas de la captura de este sujeto, se levantaron con igual fuerza algunas barricadas para protestar por el arresto del 'compañero', y voces que aplaudían el que por fin se mostrara decisión con respecto al secuestro de ese inmueble de la UNAM.

Dado que la Universidad tiene nuevo rector, más de uno interpretó que Enrique Graue se mostraba dispuesto a jugarse parte de sus bonos de recién llegado en el riesgoso intento por liberar el foro bautizado por sus ocupantes como Che Guevara.

Las piezas parecían encajar hasta que la juez Rosa María Cervantes Mejía reclasificó los delitos en contra del individuo, lo que le abriría la puerta de la cárcel. Entonces, las voces se fueron en contra del Poder Judicial. Qué más quiere la juez si el susodicho fue detenido en posesión de drogas, se quejaron por aquí y por allá.

Sin embargo, la historia que cuenta el expediente es muy distinta. Es la historia de agentes del Ministerio Público federal que entregan un caso tan mal armado que cuesta trabajo creer que hayan puesto tanto en riesgo –la pax universitaria– con una consignación carente de la más elemental evidencia.

La versión pública del expediente detalla lo siguiente:

La detención se dio a partir de una denuncia anónima, que puede servir para iniciar una averiguación, pero que –obviamente– no constituye por sí mismo un elemento probatorio.

La captura se dio cuando el individuo supuestamente intercambiaba paquetes de droga con una mujer. Pero ésta escapó –huyó hacia CU–, y por ende no declaró ante ninguna autoridad.

El sujeto sí tenía entre sus pertenencias droga: “al revisar la bolsa de tela tipo mariconera que llevaba terciada en el cuerpo, contenía una bolsa de plástico negra con vegetal verde seco con las características propias de la mariguana (indicio 1) (…) una bolsa de plástico transparente con cincuenta envoltorios confeccionados en papel blanco con cinta blanca y verde (indicio 2), y de la bolsa izquierda extrajo una bolsa de plástico transparente con veintiséis pastillas distribuidas en tres blíster color rojo con plateado (indicio 3)”.

Pero la Policía no pudo probar, ni con testimonios ni con otros documentos (fotos, videos, etcétera) “que la drogas que tenía el inculpado perseguía ese fin, esto es, su venta a consumidores o adictos”.

Y si alguien cree que cantidades de droga como las reseñadas líneas arriba son suficiente prueba, se equivoca. Si el individuo resulta adicto, como ocurrió, la cantidad de enervantes que puede traer en posesión se multiplica por mil, de ahí que como señala la juez, “las cantidades de cannabis y cocaína aseguradas al inculpado se encuentran comprendidas dentro de los rangos permitidos en la Tabla de Orientación aludida, y no existe la menor evidencia de que su posesión estaba destinada a su comercio o suministro aun gratuitamente”. La otra sustancia que le fue encontrada al inculpado fue Clonazepam, también en una cantidad legal para alguien que se dice adicto.

En resumidas cuentas, el detenido sí traía consigo cinco gramos de cocaína, 189 gramos de mariguana y 26 pastillas de Clonazepam, pero la autoridad fue incapaz de demostrar, con evidencia, que era para traficar con ello.

Esa es la realidad de la Policía que tenemos. Sin testimonios, sin detenciones de más involucrados, sin pruebas sólidas, una detención que fue un desastre, pero que salió barata, pues pudo haber incendiado a CU.

Twitter:
@SalCamarena

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