Opinión

Los competidores reales

 
1
 

 

Meade

La composición de escenarios electorales para 2018 no está cerrada aún. El Frente corre graves riesgos de resquebrajamiento a partir de los reclamos –justificados y sensatos– de Miguel Ángel Mancera. Cómo explicar que la candidatura presidencial del Frente parezca escriturada para Ricardo Anaya, cuando en las encuestas (EL FINANCIERO, noviembre 17) Mancera sale ligeramente por encima de Anaya si son postulados por el Frente.

Por si faltaran complicaciones, Alejandra Barrales deberá dejar de inmediato la presidencia del PRD para acatar el mandato del Tribunal, por franca violación de estatutos partidistas al ocupar –sin rubor alguno– su cargo como senadora y, al mismo tiempo, el de presidenta del partido. El proceso interno para sucederla ya se encontraba en curso, también por extrañamiento judicial. Hay por lo menos seis perredistas que aspiran a la presidencia de su partido. La pregunta es, si Alejandra deja la dirigencia en las próximas horas, ¿la alianza para cohesionar el Frente se debilita? ¿El nuevo dirigente podría responder más a Miguel Ángel Mancera y su aspiración de candidatura, que a mantener los acuerdos entre Barrales, Anaya y Dante Delgado?

Muchos cuestionamientos aún sobre la mesa de las campañas y la conformación definitiva de la boleta. El destape de José Antonio Meade puso finalmente a un contendiente con rostro y trayectoria frente a López Obrador. En la misma encuesta de EL FINANCIERO, AMLO gana en todos los escenarios, con la salvedad de que todavía al momento de levantarla no había candidatos. La siguiente nos ofrecerá con más probabilidades, mediciones más cercanas a la realidad presente, antes de precampañas y muy lejos aún de las campañas.

Meade es, para muchos, el auténtico contendiente de AMLO. Si los escenarios que apuntan a la fractura del Frente se hacen realidad, en la boleta podremos ver a un candidato del PAN en solitario –Ricardo Anaya con altas probabilidades– y a otro por el PRD –Miguel Ángel Mancera en su caso– lo que los mandaría a los terceros y cuartos lugares si sumamos los muy contundentes 16 puntos porcentuales de Margarita Zavala como independiente –si reúne las firmas–. Lo cierto es que si la carrera se perfila entre dos punteros, a diferencia de quienes pronosticaron por meses –y años– que sería a tercios, Meade aparece como el más sólido, competitivo, experimentado y conocedor frente a Andrés Manuel.

Llama poderosamente la atención que los muy considerables negativos del PRI no se trasladan al candidato en automático, por lo menos hasta ahora. El rechazo extendido y generalizado al tricolor, parece dejar intacto al recién destapado, quien podría ofrecer una campaña de conocimiento, de precisión, de mucha experiencia de gobierno, frente al candidato de Morena, que con frecuencia resbala o patina cuando se trata de datos finos, de información precisa. Resulta mucho más fácil lanzar las conocidas diatribas contra la mafia del poder, que ofrecer proyectos y perspectivas claras de combate a la corrupción o lucha contra la inseguridad. Como ejemplo, revise usted al detalle el plan de educación presentado en su reciente acto del 20 de noviembre en el Auditorio Nacional: está lleno de contradicciones y retoma elementos del plan educativo de esta misma administración.

Pero Meade no tiene todas consigo: la abundante experiencia, la trayectoria de probidad y honradez, los notables reconocimientos por su trabajo serio, profesional, no substituyen el kilometraje de AMLO por el territorio, su dominio de la palestra, su indudable capacidad para comunicar y hacer contacto con mexicanos en todo el país. Además, presenta el enorme desafío de deslindarse del presidente Peña Nieto y de la corrupción de los gobernadores priistas. ¿Cómo transmitirle al electorado que el candidato proviene de otra extracción –académica, de servidor público ejemplar– y no tiene relación ni contubernio alguno con los priistas ladrones, o con los panistas en su momento –recordemos que sirvió también durante las administraciones de Fox y Calderón?

Meade deberá demostrar en el mitin y en la campaña que es capaz de conquistar el voto del electorado escéptico, desconfiado y asqueado con este sistema y con el partido que lo postula. Deberá ser capaz de revertir los negativos del PRI y convencer a la gente de que él está calificado para hacerlo de forma diferente, de combatir la corrupción, de devolver la seguridad a las calles de ciudades y estados en manos del crimen y el narcotráfico.

Resulta innegable que la propuesta del cambio de régimen que impulsa AMLO y que ahora asumen también los integrantes del Frente, seducirá a miles de votantes decepcionados y reticentes.

En vez de defender al PRI con sus logros y avances que en materia de estabilidad, infraestructura o macroeconomía ha construido para México, el candidato debiera enfocarse a la construcción de un proyecto de cambio y esperanza, de renovación: “Hemos llegado hasta aquí, y nos proponemos ir hasta allá”. Reforma judicial, Estado de derecho, cero tolerancia a la corrupción –cero–, reforma de salud, etcétera. El reto es enorme, y me parece que arranca con desventaja ante la enorme experiencia y territorio recorrido por López Obrador.

Twitter: @LKourchenko

También te puede interesar:
Escenarios presentes
Del 'bullying' y la clase política
Independientes