Opinión

Los candidatos y el comercio

 
1
 

 

Convención Demócrata, día 4… en 3 minutos

Al parecer, los economistas no nos cansamos de hablar de las virtudes del libre comercio. Reconocemos que tiene costos asociados –costos que suelen ser muy visibles– pero que sus beneficios –menos visibles quizás porque se reparten en más áreas– son mayores. Sin embargo, los votantes no escuchan a los economistas. Eso dice Gregory Mankiw, profesor de economía de Harvard, en su artículo del 29 de julio en el New York Times (gracias a José Merino por la sugerencia).

Mankiw contrasta el apoyo que los economistas le dan al libre comercio, frente al rechazo de los votantes ante la globalización, 55 por ciento de los votantes norteamericanos consideran que Estados Unidos pierde en una economía globalizada. Por razones obvias, los candidatos a la presidencia de los Estados Unidos siguen a los votantes y se manifiestan, en diferentes formas y grados, en contra del libre comercio.

The Economist citó hace algunos meses, un estudio en el que se muestran las pérdidas de poder adquisitivo que tendrían los norteamericanos en caso de que Estados Unidos decidiera cerrarse al comercio. Tratándose de la población más pobre, la pérdida llegaría al 69 por ciento. ¿Por qué no se perciben con claridad los beneficios del comercio? Mankiw cita un estudio que trata de dilucidar qué pasa por la mente de los votantes al hablar de libre comercio. Al parecer, la actitud anti-comercio está íntimamente relacionada con otro conjunto de creencias: aislacionismo, nacionalismo y etnocentrismo. De acuerdo al estudio, entonces, las actitudes frente al comercio no están guiadas por consideraciones económicas, sino por la visión que cada uno tiene del mundo.

El tema estuvo presente en ambas convenciones. En Filadelfia, el equipo de Hillary Clinton expresó que de ser ella electa, cambiaría el enfoque de los acuerdos comerciales, alejándose de los tratados actualmente en discusión, como el Acuerdo Transpacífico (TPP), para acercarse más a acuerdos que sean generadores de empleos. En Cleveland, como era de esperarse, Donald Trump, manifestó su oposición al Tratado de Libre Comercio de América del Norte, al TPP y al comercio con China.

Donald Trump tiene la postura más extrema en este ámbito. Ha reiterado en diversas ocasiones que sacará a Estados Unidos del TLC si México y Canadá no están dispuestos a renegociarlo. Quiere poner aranceles punitivos al comercio con China, independientemente de las reglas de la Organización Mundial de Comercio, incluso considera la posibilidad de sacar a Estados Unidos de esta organización si ésta bloqueara estos aranceles.

Trump se opone fuertemente al TPP y llama a detener inmediatamente las negociaciones que Estados Unidos tiene con la Unión Europea para el Acuerdo Transatlántico para el Comercio y la Inversión (TTIP). Sugiere que en su lugar, se plantee un acuerdo bilateral con el Reino Unido, una vez que se concrete su salida de la Unión Europea. También promete castigar a las empresas norteamericanas que se lleven empleos fuera de los Estados Unidos, poniéndoles aranceles altos a sus productos cuando ingresen al país. Como a pesar de la cerrazón y el aislacionismo de Trump, sí plantea la existencia del comercio entre países, el candidato republicano promete que contratará a los mejores negociadores del mundo (supongo que tendrán que ser de Estados Unidos, para ser consistentes) para crear, desde cero, nuevos y mejores tratados comerciales, que le den toda la ventaja comercial a los productores y a los trabajadores norteamericanos.

Hillary Clinton ha sido más volátil en su postura comercial. De 1993 a 2016 ha apoyado ocho acuerdos comerciales, se ha opuesto a dos y se ha movido de oponerse a apoyar tres y en el sentido contrario, otros dos. Se oponía al TLC y ahora sugiere su renegociación. Durante su encargo como Secretaria de Estado apoyó el TPP, pero se opone a la versión actual del mismo. Ha expresado que los futuros acuerdos comerciales tendrán que aumentar los salarios, crear empleos bien pagados y mejorar la seguridad nacional de los Estados Unidos.

Los acuerdos comerciales tendrán que evolucionar y ajustarse a los tiempos. La economía mundial enfrenta un problema de creación de empleos, pero es un tema mucho más complejo que rebasa al discurso comercial y se enfrenta al cambio tecnológico. México está inmerso en el libre comercio, México vive del libre comercio. Ojalá que estemos escuchando.

La autora es profesora de Economía en el ITAM y directora general de México ¿cómo vamos?

Twitter:@ValeriaMoy

También te puede interesar

Lo aparentemente imposible

Forma y fondo

Este programa es público, ajeno a cualquier partido político