Opinión

Los caminos hacia 2018

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Luis Videgaray

Tan pronto pasaron las elecciones el 7 de junio, comenzaron los destapes presidenciales. Varias figuras de la oposición dieron un paso adelante y convulsionaron al PRI. El secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, como jefe del gabinete, dijo que dentro del partido en el poder no había que adelantarse, porque los tiempos para las precandidaturas estaban lejos. No lo escuchó el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, quien en una reunión con la Cámara de Radio y Televisión el lunes de la semana pasada, sibilinamente destapó su ambición por la silla presidencial.

Miembros de la industria contaron cómo Videgaray habló de todos los temas y los problemas nacionales, así como de sus ideas para abordarlos y solucionarlos. Tan notorio fue lo que sucedió que al día siguiente, cuando ese mismo grupo tuvo como invitado al secretario de Gobernación, Osorio Chong bromeó. “Espero que su invitado de ayer no haya hablado de seguridad”, les dijo sobre la presentación de Videgaray, de acuerdo con uno de los asistentes, “porque si fue así no tendré de qué hablarles”.

Videgaray está en la pista de la sucesión presidencial, adelantada para los tiempos que manejó el presidente Enrique Peña Nieto en el Estado de México durante la sucesión de la gubernatura, pero alentado por el propio mandatario, quien lo elogió sin mencionarlo, al señalar 10 días después de los comicios, que los beneficios de las reformas le habían dado al PRI la mayoría en el Congreso. En una reunión con la comunidad libanesa, Peña Nieto enfatizó: “Cuando me dicen: ‘Oiga, a su partido le fue muy bien en la elección del pasado 7 de junio’. Sí, es cierto. Y creo que mucho lo explica el que la sociedad está advirtiendo y entendiendo los avances que está habiendo en el desarrollo de nuestra economía”.

A buen entendedor, pocas palabras. Y Videgaray, el alter ego del presidente, que conoce perfectamente sus fortalezas y debilidades, lo procesó como lo hacen quienes se sienten tocados por el dedo presidencial. Fue una autorización implícita para empezar a correr, aunque llevaba tiempo calentando para el momento. Desde hace meses viene trabajando para cambiar la imagen de antipático y déspota que proyecta, y fue en la Convención Bancaria en Acapulco en marzo pasado, cuando se notó su cambio de actitud. Los empresarios le reconocieron que interactuara todo el tiempo con ellos en los pasillos y recesos de la convención, que pernoctara en Acapulco, y concedió entrevistas a cuanto periodista se las pidió.

Videgaray continuó su cabildeo en reuniones privadas con banqueros y con el abandono de su intransigencia a no revisar incentivos para el sector privado, que compensaran el impacto de la reforma fiscal. Líderes empresariales admiten que las negociaciones van por un muy buen camino, principalmente en cuanto a la deducibilidad en inversiones y estímulos en la generación de empleos. La relación con el sector privado, tensa y difícil durante una buena parte del primer medio del sexenio, ha cambiado de manera radical. La animadversión ha desaparecido y hay algunos capitanes de la industria que, incluso, defienden ahora a quien antes denostaban.

Las garantías que le dio al presidente de cómo habría un punto de inflexión con las reformas se han cumplido. Peña Nieto había considerado a fines de 2014 la salida del secretario de Hacienda, pero de acuerdo con personas que conocen de esa reflexión, la razón por la que no lo hizo es porque, estimó, aún removiéndolo no solucionaba el problema político que tenía en ese momento con la crisis de Ayotzinapa, las tensiones con amplios grupos de la sociedad, y un crecimiento mediocre criticado por todos. Al final, Peña Nieto aguantó las presiones y se aisló en la cápsula que comparte con los miembros de la llamada presidencia tripartita, Osorio Chong, Videgaray y el jefe de la Oficina de la Presidencia, Aurelio Nuño.

Videgaray superó el momento –no se sabe si supo en algún momento de lo que llegó a considerar su jefe, con quien ha trabajado muy cerca desde el gobierno de Arturo Montiel en el Estado de México–, y ante los ojos del presidente, por lo públicamente observado, remontó todas las dudas sobre su trabajo. Las elecciones legislativas funcionaron bien por mejoras en la economía, ciertamente, pero también por la mala estrategia electoral de la oposición, que nunca trasladó los negativos de Peña Nieto –su nivel de desaprobación se mantiene en seis de cada 10 mexicanos– al PRI, y el partido, hábilmente, hizo campaña sin él. En todo caso, el mérito público se lo reconoció el presidente a Videgaray.

Por mucho el secretario más presente en los medios de comunicación, Videgaray sigue vendiendo el cielo azul. Que nadie se sorprenda, porque la política es la administración de expectativas. Videgaray lo hace con eficacia y debe saberlo. De otra forma no se habría destapado ante los empresarios de radio y televisión, y pensar que se mantendría en secreto.

Ahora, iniciar la carrera a Los Pinos es una cosa; mantener el paso, es otra. Los presidentes que han salido del gabinete económico lo han sido porque las condiciones internas y externas así lo demandaban. Si éstas se repetirán a finales de 2017, cuando se decida la candidatura presidencial del PRI, es una incógnita. Lo que sí está claro es que Videgaray, como algunas figuras de la oposición, ya levantó la mano.

Twitter: @rivapalacio

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