Opinión

Los boicots anti Estados Unidos son infantiles y contraproducentes

 
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estatua de la libertad

Una generación de mexicanos creció acostumbrada a un país abierto que comercia y compite. No imaginan el acceso limitado a marcas de automóviles, televisiones o electrodomésticos, típicamente de mala calidad y a precios considerablemente más altos de lo que costaban en el extranjero. Están acostumbrados a pensar en Estados Unidos como socio, más que como el agresivo y arrogante gigante del norte.

El TLCAN permite demostrar que, con reglas claras, México se puede desarrollar y puede competir. La inversión internacional detonada por el acuerdo comercial obedece a la predictibilidad implícita en éste.

Imposibilita que las reglas cambien de repente por la voluntad de un presidente o de un secretario, pues fueron negociadas en acuerdo trilateral. Ofrece la certeza de que en caso de controversia será una Corte en Estados Unidos la que la dirimirá con objetividad, evitando tentaciones de 'comprar' justicia. El crecimiento en estados y sectores directamente involucrados ha sido extraordinario, comprobando lo que sería posible lograr en un país donde imperara la ley.

Es importante entender que con o sin Trump, Estados Unidos seguirá siendo nuestro poderoso vecino y, más que eso, nuestro socio.

Personalizar nuestra relación en un presidente crecientemente errático e impopular, sería un error. Es vital no caer en trampas y provocaciones. Empezamos a conocer el estilo del bravucón. Se lanza hasta la cocina con intimidaciones incumplibles, pero al hacerlo mueve el punto medio de la negociación mucho más cerca de su objetivo.

Su amenaza de 20 por ciento de impuesto a las importaciones mexicanas es tan absurdo como imposible. Para empezar, es el Congreso quien decide, no él; pero, además, estaría a años luz de lo que la Organización Mundial de Comercio permitiría.

Claro, él podría decidir renunciar a ésta, pero en ese escenario habría una guerra comercial mundial en la cual ese impuesto sería el menor de nuestros problemas.

Es absurdo, por ende, que caigamos en medidas infantiles, como dejar de viajar a Estados Unidos mientras él sea presidente. Él no se va a enterar, no hará un milímetro de diferencia, y es importante sí interactuar con decenas de millones de estadounidenses (y más todos los días) que rechazan lo que Trump hace; es mejor que oigan de nosotros, que empaticen, que entiendan la importancia de México en su vida cotidiana. Lo mismo con el 'boicot' a empresas estadounidenses en México. Howard Schultz, presidente de Starbucks, ha sido uno de los mayores críticos del presidente y anunció que contratará a diez mil refugiados en sus establecimientos. Hagamos alianzas, no pataletas; seamos menos ingenuos y más inteligentes.

Parece poco probable que el TLCAN se renegocie, a no ser que esto ocurra por error. México debe dejar transparentemente claro que no estamos dispuestos a reabrir el texto. Ante la simple sugerencia de hacerlo, yo me levantaría de la mesa.

Actualizar el tratado con acuerdos paralelos tiene sentido. Ojalá nos pidan uno para forzarnos a políticas anticorrupción con dientes. Sería inteligente, pues eso sí limitaría la participación de entidades chinas en nuestro país, indeseable para ellos.

La cancelación del viaje del presidente Peña a Washington fue un acierto. Haber esperado a hacerlo hasta que Trump prácticamente lo desinvitara, fue un error. El canciller Videgaray parece demasiado dispuesto a ceder de más y a que nos pongamos de tapete, como lo hizo con la visita de Trump como candidato. Trump necesita vernos fuertes y decididos, o estará tentado a arrollarnos. Debemos rechazar cualquier negociación que ocurra con el reflector encima. Éste se empieza a alejar a raíz de la crisis de refugiados y de la primera nominación a la Suprema Corte. Es como en el patio del recreo, pelearse con el bravucón en público es mala idea porque querrá hacer alarde de su fuerza, doblegándonos. Es mucho mejor negociar sin público. También es importante no dejar que los medios amarren navajas. Ellos quieren cubrir conflictos, no acuerdos.

Estados Unidos sigue siendo una gran nación y un socio deseable.

Tener tres mil kilómetros de frontera con el mercado más grande del mundo es un privilegio. Empiezan a mostrar que hay instituciones fuertes dispuestas a enfrentar al volátil mandatario. ¡Cuánto me gustaría ver en México a gente en el Senado o en la Procuraduría dispuesta a enfrentar al presidente en su primera semana de gobierno, como lo hicieron el senador McCain o la subprocuradora Yates; cómo quisiera ver a jueces federales bloqueando una orden presidencial, como ocurrió el domingo! ¡Cómo quisiera ver que gente en México, no afectada directamente, salga a protestar en plazas y aeropuertos ante una orden presidencial que rechazan por principio!

Nos defiende un gobierno que ha perdido credibilidad por su propia corrupción, por cobijar impunidad y por su paupérrimo manejo de las finanzas públicas.

Apoyémoslo en su negociación, pero sin dejar de exigir que pongan la casa en orden. Nada fortalece más nuestra postura que mostrar que somos un país serio donde la ley impera y la sociedad exige y participa.

Twitter: @jorgesuarezv

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