Opinión

Los bemoles de apostar a la renta petrolera

¿Cómo vería usted una industria en la que su margen antes de impuestos fuera algo así como un 300 por ciento?

Si tuviera recursos, seguramente pensaría muy seriamente en entrarle.
Una de las estadísticas más opacas de la industria petrolera es el costo real de producir petróleo y gas.

Algunas de las estadísticas más recientes de la Agencia Internacional de Energía ubican –por ejemplo- el costo promedio de producción de crudo en Estados Unidos en 12 dólares por barril.

Pero en la actualidad hay que agregar más o menos un 180 por ciento más por concepto de costos de exploración.

Así que en términos de costos y precio de mercado hablamos de que el costo total de disponer de un barril de crudo es de 33 dólares por barril, pero ayer –por ejemplo- el crudo WTI cerró en 103 dólares por barril.

El margen preciso es de 212 por ciento.

¿Por qué la industria petrolera es tan rentable si la comparamos con otras industrias como la manufacturera?

Porque hay algo que se llama renta petrolera.

La escasez relativa del crudo conduce a que el precio rebase con mucho el costo -directo e indirecto- de producirlo.

A diferencia de las ganancias que derivan de una actividad manufacturera, los economistas han caracterizado a este fenómeno como renta y deriva de la posesión de activos que generan un bien escaso.

En términos estrictamente económicos, la reforma energética mexicana tiene como propósito generar un volumen mucho mayor de renta petrolera, que va a propiciar una mayor actividad económica y va a permitir que el Estado capture una proporción mayor en el largo plazo.

Pareciera un contrasentido con la estrategia de desarrollo manufacturero que hemos tenido, pero uno de los objetivos de la reforma petrolera es que México fortalezca su capacidad de producción de una materia prima fundamental, como los hidrocarburos.

El ‘shale gas’, tan mencionado en la reforma, es un subproducto. Si tuviéramos yacimientos de este tipo de hidrocarburo en estado puro, no habría inversionista que quisiera entrarle, porque su precio en el mercado norteamericano es muy bajo, de alrededor de 4 dólares por millón de BTUs.

El secreto del ‘shale’ es que usualmente viene asociado a líquidos que tienen un valor mayor y que rentabilizan la inversión que se hace en producirlo.

Pero, aun en ese caso, la gran apuesta es la renta petrolera.

Creo que esa estrategia está muy bien para el corto y el mediano plazos, pero no es la adecuada para el largo plazo.

Tradicionalmente, la renta derivada de la explotación de recursos naturales baja en el mediano plazo, por el efecto de sustitución de ese producto.

Tal vez nos tardemos, pero sin duda es algo que también va a pasar con los hidrocarburos.

Sea porque habrá energías más limpias o más baratas; sea porque al hacerse explícitos los costos ambientales se encarezcan mucho los hidrocarburos y se abata su demanda, pero es una industria que debe venir a la baja en el largo plazo.

Como muchas veces se ha mencionado, lo crítico es que los recursos temporales derivados de la renta petrolera que tendremos se inviertan en la generación de capacidad permanente de creación de riqueza, y eso se logra con el desarrollo del talento.

Si en algún momento salimos del encanto de las reformas estructurales y visualizamos la perspectiva del país para lo que resta del siglo, quizás visualicemos que la inversión más redituable es el desarrollo del talento en todos los ámbitos.

Un programa que identifique desde la educación básica los miles y miles de talentos potenciales que hay en México y que los respalde, nutra y acompañe en toda su trayectoria profesional, generaría a la larga más riqueza que cualquier megadescubrimiento petrolero, aunque veríamos sus resultados hasta dentro 15 o 20 años.

¿Alguien se atreverá a entrarle a esa estrategia?

Twitter: @E_Q_