Opinión

Los 300

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Ley 3de3. (www.correosonorense.com)

Finalmente, la iniciativa ciudadana de la Ley de Responsabilidades Administrativas, mal llamada 3de3, fue respaldada por más de 300 mil ciudadanos. No es poco. Menos, cuando consideramos que muy pocas personas se enteraron de este asunto. Menos de 8.0 por ciento, según encuestas. Si consideramos que sólo podían firmar personas con IFE, se enteraron apenas seis millones, por lo que las firmas representan un 5.0 por ciento de quienes supieron de la iniciativa.

Lo primero es enfatizar la poca difusión de la misma, a pesar de los grandes esfuerzos de los promotores. No hubo anuncios en TV o radio, ni planas pagadas en periódicos. No creo que haya sido tema de la agenda editorial de los medios, y si lo fue, era de baja prioridad. Por eso más de 90 por ciento de los mexicanos ni siquiera se enteró de ella.

En segundo lugar, habría que tratar de entender por qué apenas uno de cada 20 que se enteraron decidió firmar, cuando se trataba de algo relativamente sencillo. De hecho, creo que buena parte del éxito de la iniciativa fue el compromiso de sistemas universitarios, como el Tec de Monterrey o el sistema Ibero-ITESO, que pudieron aportar decenas de miles de firmas, sin dejar de lado otras universidades, más pequeñas, cuyo esfuerzo relativo fue similar. El respaldo de Coparmex creo que fue también de gran importancia, y después se sumaron Canacintra y Canaco. Tengo la impresión que los organizadores (centros de investigación, ONG y think tanks) no tenían claro si se llegaba a la cifra mágica y cerraron con un gran esfuerzo la campaña, un día entero de recolección de firmas en las plazas públicas.

Transformar a México en un país de leyes no es cosa fácil. Nunca lo ha sido. Todavía sigo escuchando personas que insisten en que el único problema es aplicar las leyes, porque éstas son buenas pero no se aplican. Eso es falso. Las leyes en México, en su mayoría, fueron hechas para no usarse, de forma que no son buenas en sí mismas. Por eso, empezar a aplicarlas, así haya sido poco a poco, desde 1997, nos ha puesto en un camino de transformación acelerada. Hemos descubierto que no servían.

Más aún, no hay ley que sirva cuando la inmensa mayoría de la población no quiere cumplirla. La idea de las leyes es reflejar un interés común, que se defiende castigando a los pocos que no se suman. Pero si no son pocos, sino casi todos, entonces no hay forma de aplicarla. Un mexicano que va a Estados Unidos cumple la ley, porque hay una amenaza creíble de castigo, y no un castigo menor. Y porque puede ver al resto de las personas cumpliendo esa ley. Acá, ni hay amenaza creíble, ni hay castigo relevante, ni hay una comunidad que presione.

Eso es lo que tenemos que cambiar, y lo estamos haciendo. Insisto en que la ley en México puede aplicarse desde 1997, cuando el nuevo equilibrio político le abrió espacio a la Corte para convertirse en un poder real, lo mismo que al Congreso. Ahora necesitamos extender ese proceso a las entidades federativas, controlando a los gobernadores. Para eso, el Sistema Nacional Anticorrupción es la mejor herramienta que hemos construido en toda nuestra historia. Porque es un sistema, porque crea instituciones con posibilidades de éxito, y porque ahora, detrás de ese sistema, están 300 mil mexicanos.

Hay que agradecer y felicitar a los creadores del sistema, y a los promotores de esta iniciativa. Y hay que seguir presionando a la clase política para que el sistema sea una realidad. Nos va a costar una generación entera, pero heredaremos un mucho mejor país.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter:
@macariomx

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