Opinión

#LordMeLaPelas y Nemer, el 'Mirreynato' peñista

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Ernesto Nemer Álvarez, recibe reconocimiento de la SOMEGEM.  (Especial)

Raúl Libien y Ernesto Nemer son dos personajes con visibles raíces en el Estado de México. Son además caras de una misma moneda. Viva imagen de la vulgaridad –el primero– y de la indolencia –el segundo–, forman parte de una élite que se sabe, para citar al hoy cónsul Fidel Herrera, en la plenitud del poder.

Raúl Libien es #LordMeLaPelas. La semana pasada fue exhibido por Arne Aus den Ruthen, barredor en jefe de la delegación Miguel Hidalgo. El funcionario, de polémicos modos pero al que hay que reconocer que combate por igual el abuso en calles pobres que en vialidades de zonas ricas, fue insultado vía telefónica por Libien, que resintió un operativo contra autos de su propiedad.

Las palabras de este señor, directivo de un grupo mediático que incluye una revista cuya portada se dedica a prender incienso a figuras
–mayoritariamente– priistas, no merecen ser reproducidas. En este caso, repetir los insultos deviene torcido festejo, pues Libien no sólo nunca ofreció disculpas por su insulto a una autoridad, cosa que es penada en sociedades civilizadas, sino que ahora se da el lujo de pasar a la ofensiva, en Twitter (@rlibien), en contra de Arne y de su jefa, la delegada Xóchitl Gálvez.

Nemer es poderoso subsecretario de Desarrollo Social y Humano de la dependencia encargada de combatir la pobreza. El funcionario tuvo el lunes un ataque de sinceridad. ¿Qué mejor manera de ayudar a los pobres que permitir a uno, aparentemente menor de edad, limpiarte los zapatos? ¿Qué mayor muestra de tu cercanía con las poblaciones vulnerables que exhibir tu foto con ese bolerito en la red social?

Los apellidos Libien y Nemer se cruzan en el Estado de México. En las redes sociales de internet se les encuentra en similares bases de datos.

En Twitter, a Libien lo siguen priistas de varias instancias, y las fotos de algunas de esas cuentas incluyen selfies con el presidente.

Y decir Ernesto Nemer es decir Peña Nieto.

Libien y Nemer, que, como El País recordaba, ya había protagonizado un escándalo por el caro reloj que portaba, son figuras del Mirreynato peñista, frase que no es pleonasmo, pues no todo peñista es Mirrey.

Libien y Nemer vivirán estos episodios sin que nadie les reclame mayor cosa. El ruido de las redes, indignadas voces que alguna vez fueron capaces de tumbar a un titular de la Profeco, ahora es inocuo.

El peñismo se ha vacunado contra esos escándalos. Mediante bots y desdén, el gobierno federal lidiará estos episodios aferrado a la tesis expuesta por Ricardo Raphael en Mirreynato. La otra desigualdad (Planeta, 2014):

“El Mirreynato es un régimen que se caracteriza por su mal gobierno. Para que las cosas cambien sería necesario que los intereses de las élites dejaran de ser los únicos predominantes, y para ello el 1.0 por ciento más rico del país tendría que someterse, como cualquier otro grupo de mexicanos, al imperio de la ley a través de un pacto social diferente. Tendrían que pagar impuestos según la proporción que les corresponde y las instituciones públicas deberían de blindarse frente a los embates y manipulación de su poder económico”.

Al citar una frase de Iris Murdoch, Raphael advierte que estos personajes incluso podrían pasar a la ofensiva, pues operan bajo la lógica de que “no es suficiente con tener éxito, otros deben caer”.

Libien y Nemer. Uno grita: me la pelan. Otro busca unas monedas y quién le bolee los zapatos. Su líder, el presidente de la República, mira impasible el buen orden de las cosas en el Mirreynato.

Twitter: @SalCamarena

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