Opinión

Logra visibilidad movimiento mundial contra patentes farmacéuticas

 
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Farmacia

Un movimiento estructurado y de largo alcance está enfrentando en diversas partes del mundo el complejo problema del limitado acceso a medicinas en países pobres, como una consecuencia de los elevados precios de los medicamentos patentados; no se trata de un movimiento de deserción política como la llamada “declaración de Doha”, sino de un intento organizado de promover la conciencia mundial para la generación de soluciones de largo plazo.

Una nota que distingue a este grupo de abogados y científicos es que se trata de una ONG con recursos técnicos y materiales para patrocinar, por sí mismos, juicios de cancelación de patentes otorgadas, cuando consideran que las mismas vulneran principios de novedad o actividad inventiva. Esta es una modalidad por demás destacada, en la que los propios consumidores, representados por la agrupación, promueven la declaratoria de cancelación basados en razones de interés público. Hasta hoy, solo las propias empresas involucradas, o el Estado de manera oficiosa, había contado con legitimación para cuestionar la validez de una patente.

El movimiento, conocido como I-MAK (Initiative for Medicines, Access & Knowledge), pretende dotar de voz al público, en relación a un sistema que consideran que compromete su salud y su vida, fomentando acciones basadas en información suficiente y veraz. El objetivo ulterior, según la propia organización lo profesa, es el de lograr un sistema de patentes balanceado, que en efecto genere innovación sin tener que sacrificar el bienestar de pacientes de toda clase de enfermedades en el mundo.

De hecho, entre las acciones de la Organización se contemplan las orientadas a la creación de políticas públicas para gobiernos, reformas a leyes y en general, todas las que permitan elevar la conciencia pública sobre el problema; al mismo tiempo, I-MAK aporta a quienes lo requieren apoyo técnico, legal y político para una gama de soluciones que van, desde la obtención de licencias para reducir precios de determinadas medicinas, hasta representación directa para demandar la nulidad de patentes abusivas. Estos programas involucran no solo a los jugadores de siempre, laboratorios y gobiernos, sino a toda la cadena de la industria, empezando con los científicos, los proveedores y los distribuidores.

En casos particulares como el de Sovaldi, desarrollado para tratar la Hepatitis C, la solicitud de denegación de las patentes descansó en la aparente falta de novedad de la fórmula como solución terapéutica. La indignación de diversos grupos ha tomado por bandera el costo que el fármaco alcanza de alrededor de 84mil dólares por un tratamiento de 3 semanas. De la misma manera, I-MAK ha cuestionado ya diversas patentes relacionadas a gripe aviar y VIH, que empiezan a documentar las soluciones alcanzadas por la organización por vía judicial. En casos como el de nuestro país, las bases ideológicas de iniciativas de este tipo cobran especial relevancia, de cara a las obligaciones que el TPP nos impone en materia de patentes farmacéuticas, en las que se vislumbra la posible extensión de las mismas por 5 años, bajo ciertas condiciones para compensar demoras en su autorización sanitaria.

Es claro que los movimientos orientados a acceso a información, en el área de los derechos de autor y de acceso a medicamentos, en el campo de las patentes, lideran los contrapesos que los derechos de propiedad intelectual enfrentan en su regulación, reconocimiento y protección, y de la forma en que se solucionen estas confrontaciones derivará, en las próximas décadas, la forma y alcance que estos sistemas puedan seguir cumpliendo en las cadenas de valor que permiten poner productos y soluciones nuevas en manos de los consumidores.

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