Opinión

Lo que viene en China

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Economía china

Hace tiempo que en esta columna, o en su antecesora, le he comentado acerca del fin del modelo asiático en China. Le llamo modelo asiático a la estrategia de crecer con base en una muy alta inversión, que se financia limitando el consumo de la población. Es lo mismo que hizo Japón después de la Segunda Guerra y Corea del Sur a partir de mediados de los sesenta. Puesto que se limita el consumo, la gran producción tiene que ser exportada. Y por eso muchos le llaman a este modelo “promoción de exportaciones”.

China llevó el modelo a grandes alturas, debido a su inmensa población, pero eso también saturó el mercado internacional y empezó a complicarle las cosas. Se tomó la decisión de balancear el crecimiento, reduciendo la inversión y fomentando el consumo, pero ocurrió la Gran Recesión de 2009 y China optó por regresar a una muy alta inversión para evitar una contracción económica, a la que tienen mucho miedo.

Aunque hay muchos que creen que el consumo en China es elevado, en realidad es uno de los más bajos registrados en la historia. En el último dato que tenemos (PWT 8.0), el consumo representaba 28 por ciento del PIB. Para que compare, en México es de 67 por ciento. Sólo países extremadamente pobres, o los pequeños países árabes exportadores de petróleo, tienen un consumo similar al de China como proporción de su ingreso.

Este modelo se complica conforme la población se cansa de vivir con muy bajo consumo. De hecho, para lograr que no consuman se requiere un sistema muy autoritario (como el de Corea del Sur en los años referidos, o el de China) o condiciones muy particulares (como la derrota de Japón en la Segunda Guerra). Balancear no es sencillo, porque al intentar reducir la transferencia de recursos del consumo a la inversión, el crecimiento puede desplomarse. Eso le pasó a Japón en 1989 y a Corea del Sur (de forma menos marcada) a partir de 1998. En ambos casos, eso ocurrió precedido por una gran burbuja en la bolsa de valores, que al desinflarse estancó a las economías. Corea ha logrado pasar de crecimientos de dos dígitos a 3.0 por ciento anual, que no es nada malo; Japón prácticamente no crece, aunque su ingreso por habitante es de los más altos del mundo.

En China el ingreso por habitante apenas se acerca al de México (así que el consumo promedio de los chinos es menos de la mitad del de los mexicanos), pero la población es tan grande que la presión para balancear ocurrió antes. Como decíamos, el intento fracasó por la Gran Recesión, y las cosas se fueron complicando cada vez más: el crecimiento se ha reducido a niveles de 6.0 por ciento (de los dos dígitos que tenían), pero con el consumo cayendo en lugar de recuperarse. La burbuja en la bolsa de Shanghai inicia a mediados de julio pasado, cuando el petróleo empezaba a caer, pero desde el 15 de junio pasado inició una caída espectacular. A pesar de que el gobierno chino ya puso todo para impedir el derrumbe, lleva 28 por ciento de pérdida en 15 días de cotización. Ayer, para detener la caída, se retiró al 25 por ciento de las empresas ahí listadas.

La conexión entre el balanceo, la burbuja bursátil y el fin del crecimiento no está del todo clara, pero me parece que hay razones para considerarla. Tengo la impresión que, al reducirse el crecimiento, quienes tenían grandes ganancias buscan replicarlas en la bolsa, y por eso la burbuja, que al estallar termina con el modelo asiático. Eso sólo significa que el crecimiento regresa a niveles razonables, de entre 1.0 y 4.0 por ciento. Para China, la tragedia es que eso ocurre sin haber salido del ingreso medio. Y es que nadie sale del ingreso medio haciendo uso del crecimiento agotador. Nosotros, América Latina, somos el mejor ejemplo.

Twitter: @macariomx

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