Opinión

Lo que nos deja el 2014

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Módulo Especial columna Enrique Quintana Lo que nos deja 2014

El año que hoy termina no es uno más. Cuando, dentro de una o dos décadas, se haga un recuento de los cambios que marcaron la historia del país, el 2014 será una línea de frontera.

Lo será porque este año se llevó al terreno legal y operativo una de las reformas más profundas que se han presentado en el país: la apertura del sector energético.

Como en otros cambios de esta naturaleza, no veremos su dimensión quizás hasta dentro de una generación.

También en 2014 se aprobaron los cambios legales en las telecomunicaciones, cuya trascendencia llegará más pronto.

Fue un año de concreción de las reformas estructurales, esas que se demandaron por años y años… y ahora ya parecen distantes y a veces hasta olvidadas.

Fue también un año en el que nuevamente le pusimos el reflector a la violencia, que no se había ido. Allí estaba.

Casos como el de Iguala ya habían ocurrido (recuerde la matanza de San Fernando, Tamaulipas, de 72 migrantes en 2010) pero por primera vez suscitó una respuesta de indignación tan generalizada.

Se trató, al mismo tiempo, de un año en el que la corrupción y los conflictos de interés aparecieron como temas de la agenda nacional.

Tanto en escala local con asuntos como la penetración del narco en los gobiernos municipales, como los “moches” de legisladores y hasta el tema de los probables conflictos de interés (pese a su legalidad) vinculados al Grupo Higa con relación a las casas “Blanca” y de Malinalco.

Fue el año del desplome de los precios del crudo. No es la primera vez que sucede, pero ahora han cambiado las perspectivas y habrá desafíos en la segunda mitad de esta administración porque pegará fuerte a los ingresos fiscales a partir de 2016.

2014 fue también un año en el que diversos estratos de la sociedad mexicana se hicieron presentes activamente, a través de las calles o bien mediante las redes sociales.

El nivel de vigilancia y reclamo a los poderes públicos no tuvieron precedente. Y se trata de un fenómeno irreversible.

Con estos cambios, los partidos políticos de todos los signos, los viejos y los nuevos, se vieron como piezas de museo frente al vertiginoso giro en la forma de expresarse de diversos grupos de la ciudadanía.

Ni el mundo ni el país van a ser los mismos después de 2014. Claro, no son los mismos al término de cada año.

Pero la velocidad y profundidad con las que cambiaron en el año que hoy termina, en muchos casos ni siquiera se han asimilado.

Ya se lo comenté alguna vez y lo reitero: la normalidad que conocimos antes de este año, terminó. Ya no regresará.

El poder político debe ofrecer respuestas nuevas, ser de nuevo funcional.

Hay sociedades en las que la disfuncionalidad del sistema político con el económico y social provocó conflictos largos y socialmente costosos, en medio del estancamiento económico.

Hubo otras en las que los cambios que se dieron para recuperar la funcionalidad, propiciaron etapas largas de crecimiento y desarrollo.
Tenemos la opción.

Y por cierto. Le deseo a usted, especialmente a usted: ¡Un feliz 2015!