Opinión

Lo que mostró la
Fórmula 1

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Fórmula 1 (ilustración)

Pasada una semana de la prueba más importante del automovilismo mundial, el Gran Premio de México sigue cosechando éxitos y aplausos dentro y fuera del país. Desde el autódromo Hermanos Rodríguez salió un mensaje de reconfortante normalidad.

El primer logro del evento fue que se mandó una imagen al mundo de que en México hay cosas que se hacen bien y es una nación hospitalaria que se puede visitar y disfrutar. Lewis Hamilton, el campeón de Fórmula 1, hasta el miércoles seguía en esta capital no obstante que el fin de semana tiene que correr en Sao Paulo.

La unión de esfuerzos entre el sector público y privado dio buenos resultados para presentar un evento de clase internacional con parámetros de primer mundo.

También fue una derrota para los que quieren que todo lo que salga de México hacia el mundo sea horrible, impresentable, producto de una Gomorra convulsionada y caótica.

En los lugares principales se pudo ver, juntos, a la canciller Claudia Ruiz Massieu en representación del presidente, con el jefe de Gobierno Miguel Ángel Mancera y el presidente de CIE Alejandro Soberón.

Los sectores público y privado compartieron tras un objetivo que era entretener, y no se hostilizaron como anhelan los que ven a los empresarios como los enemigos del bienestar colectivo.

Qué bonita armonía se vivió en ese evento, y no es un caso aislado: desde hace tres años tenemos un gobierno capitalino y uno federal que conviven sin agravios y logran sacar proyectos conjuntos, como el Gran Premio de México, entre muchos otros menos llamativos.

Lo anterior no es claudicación de uno u otro, simplemente se llama civilidad. Y la teníamos olvidada.

Nadie le quiso robar cámara a nadie ni exigió privilegios para ser el centro de atracción. La canciller no fue escoltada por un séquito de guaruras, sino que estuvo acompañada por sus hijos y luego de premiar a los ganadores se regresó a su casa en Metro.

El público estuvo extraordinario, pues dio la nota del buen ambiente a pesar de que la carrera no fue lo emocionante que hubiéramos deseado porque Hamilton ya se había coronado en Austin, y Sebastian Vettel tuvo que abandonar en su Ferrari luego de una remontada que pudo ser espectacular.

Hubo una organización magnífica para llegar, salir, ir a los baños o a comprar un refresco. No obstante que el sol caía a plomo y se vendió cerveza y licores a discreción, no hubo un solo incidente. En las gradas estaba un expresidente con su esposa, aficionados a ese deporte, que disfrutaron de la carrera sin ser molestados.

A todo lo anterior podemos llamarle civilidad o como sea, pero es una muestra de que los ánimos en el país no están tan crispados como nos muestran las redes sociales y actores políticos interesados en polarizar.

No somos un país de bárbaros como nos pintan en algunos lados, aunque hay franjas de minorías criminales.

Fue una gran experiencia y sobre todo una grata exhibición ante el mundo de que México, a pesar de sus innegables problemas (¿qué país no los tiene?), es una gran nación con gente extraordinaria.

Twitter:
@PabloHiriart

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