Opinión

Lo que los vecinos del norte deberían saber (II)

 
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Contenedor. (Reuters)

En el artículo de la semana pasado comenté sobre una base de datos que han generado la OCDE y la OMC sobre el comercio exterior de los países en términos de valor agregado, que permite ver la relación comercial de manera diferente a cuando utilizamos las cifras brutas de comercio exterior. Utilizando esa base de datos podemos analizar el componente nacional y externo de las exportaciones y de la demanda interna, estadísticas poco conocidas y difíciles de estimar, que contribuyen a ponerle número a los beneficios del TLC en términos de competitividad en la producción de bienes en la región y en términos de beneficios para los consumidores. Esto último es lo que trato en este artículo.

De la base de datos construida por la OCDE y la OMC se deriva que en el 2011 (últimas disponibles) el 17.8 % del consumo final interno de México era de origen externo, de ese total, el 47 % provino de valor agregado generado en los Estados Unidos, 103.7 mil millones de dólares. El segundo país que más participaba en el consumo interno de México era China con un lejano 8 % y 17.7 mil millones de dólares.

En el caso de nuestro vecino del norte, el 14.2 % de la demanda interna en el 2011 tuvo su origen en el exterior y de este total México participaba con el 7.0 %, 143.9 mil millones de dólares. Antes de México estaba China con 13.4 %, Canadá con 11.1% y Japón con 7.2%.

Es decir, si bien en datos absolutos es mayor el valor agregado originado en México que reciben los consumidores de los Estados Unidos, que lo que recibimos en México de valor agregado originado en nuestro vecino del norte, en términos relativos tiene mayor importancia el valor agregado en los Estados Unidos que recibimos los consumidores mexicanos, que el valor agregado originado en México que reciben los consumidores de los Estados Unidos.

Independientemente de lo anterior, las cifras anteriores reflejan claramente los beneficios que el comercio entre México y Estados Unidos tiene para los consumidores finales de los dos países al ampliar la gama de productos a su disposición a precios competitivos. Esos beneficios se ven ampliados por el efecto que tiene la apertura comercial en la competencia interna y en el acceso a insumos para la producción a precios competitivos.

Una renegociación del tratado que limite el acceso a bienes finales e insumos a precios competitivos y la competencia en cada país, tendría efectos negativos para los consumidores de ambos países.

El autor es profesor asociado del CIDE.

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