Opinión

Lo que le toca hacer a un
presidente, según MMH

Contaba ayer Ciro Gómez Leyva en su columna detalles de un encuentro entre periodistas y el presidente Enrique Peña Nieto, ocurrido el viernes pasado. Alguien preguntó en esa comida al mandatario cómo estaba, y el mexiquense contestó: “Bien. Veo inconformidad y dolor legítimo, pero hay también un objetivo de quebrar el ánimo del presidente. Eso no lo van a conseguir”.

El presidente vuelve a expresar, como lo hizo hace semanas, que alguien está moviendo las aguas en su contra. Puede ser que tenga buenos motivos para creer eso. O puede ser que sus colaboradores no sepan cómo ayudar al mandatario a ver más allá de la maniquea noción de que si la cosas no están bien, no es necesariamente se debe a que alguien las puso (durante meses) en su contra.

¿Qué pasa en Los Pinos? ¿Cómo se ve desde la Presidencia de la República la realidad? ¿A quiénes se ve como adversarios? ¿Qué se piensa de la prensa, qué de los empresarios? Siguiendo lo expuesto aquí ayer, me pareció interesante, a la luz de la actual crisis, ver cómo vivía las cosas otro mandatario, uno que se la pasó de crisis en crisis. Este es el testimonio de Miguel de la Madrid Hurtado sobre algunos de los momentos que tuvo que sortear, sobre los grupos que enfrentan al Ejecutivo, y sobre el papel que creyó que le tocaba jugar.

“El país está muy herido y al Presidente le corresponde funcionar como gozne de unión, tratando de apaciguar el encono entre las diferentes clases sociales. Mi tarea principal es política y consiste en crear un ambiente de confianza. Mi trabajo ha tenido que ser, desde el primer momento, hablar con distintos grupos, tranquilizarlos, activarlos. Para lograr esto, me pareció imperioso demostrar fortaleza del gobierno. Por eso decidí actuar con firmeza desde el primer día de diciembre. El tono del mensaje de toma de posesión, en el que reconocí la gravedad de la crisis y propuse medidas concretas para enfrentarla, tendió a hacer sentir a la gente que había gobierno, que había capacidad de liderazgo y de toma de decisiones.

“El final del sexenio (1976-1982) fue trágico. Mil novecientos setenta y seis también lo fue. Yo tuve entonces la oportunidad de participar de cerca, y pensaba que si hubiera una cámara oculta que filmara lo que estaba pasando en Los Pinos y lo diera a conocer al público, la gente se horrorizaría de cómo puede llegar a manejarse el gobierno. Por ejemplo, en esa época Luis Echeverría de pronto se dormía en las juntas. Había que estar ahí sin saber si continuar la reunión o velarle el sueño. Era una situación muy desagradable. Estaba tan deteriorado el estado de ánimo del Presidente, tan inestable, que uno verdaderamente sentía temor al escuchar a algún funcionario, como Fausto Zapata, decir que todos los problemas de México eran causados por los ricos, que él llevaba allí, en la mano, la lista de los 40 hombres más importantes de México, que había que declararles la guerra, que lo que se requería era apresarlos esa noche. (…) Echeverría dejó pasar la sugerencia. Eso lo hace a uno reflexionar sobre la realidad del sistema, el riesgo que un momento de locura puede acarrear.

“El mes de enero siempre es seco, aburrido. Además hay que enfrentar la cuesta de enero. Para sacudir ese ánimo pesado, característico del mes, programé varias reuniones de ‘arranque del año’, a fin de dar directrices, orientaciones y animar a los grupos a que renueven su trabajo. También es importante dejar sentir que el país camina. Ése fue el sentido del mensaje televisado que dirigí a la nación.

“La imagen que yo quise promover con el mensaje de Año Nuevo es la de un presidente un tanto plano. Yo creo que la situación es tan delicada y que la gente recuerda tan claramente las imágenes de elocuencia y de prepotencia de mis predecesores, que lo que ahora quiere es algo diferente. No considero que en este momento deba yo buscar una imagen impactante: tengo que manejarme con un perfil mucho más moderado.

“Precisamente el hecho de que los editoriales de finales de año hayan reconocido que he fortalecido mucho el poder de la Presidencia de la República, me inclina a pensar que puedo y debo evitar actitudes de prepotencia. El mejor camino es el de la sencillez, dando una imagen de sobriedad: eso es lo que quiere la gente.

“Los principales grupos sociales que enfrenta el Poder Ejecutivo son los empresarios, los obreros, los campesinos y la prensa. (…) Las clases medias presionan con el rumor, la incertidumbre y la falta de confianza. Tienen ciertos foros de expresión, como son los sindicatos universitarios o los colegios de profesionistas, estos últimos cooptados por el PRI. La heterogeneidad de este grupo hace difícil su acercamiento, por lo que he decidido reforzar la CNOP para hacerla más efectiva.

“La prensa también debe considerarse como grupo de presión, aunque su heterogeneidad hace imposible tratarla como unidad política. Con ella, lo que sirve más es el diálogo y apretar tuercas”.

Tomado de Cambio de Rumbo, Miguel de la Madrid, Fondo de Cultura Económica, 2004.

Twitter: @SalCamarena